Rafael Labarca y la generación de estructuradores chilenos que redefine el flujo de capital institucional hacia América Latina

Desde Celfin Capital hasta Parque Arauco, una nueva camada de profesionales financieros chilenos articula el puente entre AFPs, family offices y el pipeline de concesiones andinas y mexicanas.

17 de mayo de 2026Infraestructura
Escrito por:GRI Institute

Resumen Ejecutivo

Una generación de estructuradores financieros chilenos, formados en plataformas como Celfin Capital y Banchile Inversiones, está redefiniendo el flujo de capital institucional hacia infraestructura en América Latina. Rafael Labarca, con más de USD 1.000 millones en transacciones lideradas desde Parque Arauco, representa este perfil que integra disciplina institucional de las AFPs con capacidad de ejecución en múltiples jurisdicciones. El ecosistema incluye family offices como Inversiones Marchigue (17,61% en Puerto Ventanas), expansiones logísticas como la de Grupo Campos (USD 160 millones en Perú y Colombia) y nuevos segmentos como infraestructura de carga eléctrica. La clave diferencial es exportar una metodología de estructuración que convierte proyectos en vehículos financiables para inversores institucionales.

Puntos Clave

  • Una generación de estructuradores financieros chilenos, formados en banca de inversión local (Celfin Capital, Banchile), conecta capital institucional de AFPs y family offices con infraestructura regional.
  • Rafael Labarca ha liderado transacciones por más de USD 1.000 millones desde Parque Arauco, ejemplificando este perfil generacional.
  • Grupo Campos invertirá más de USD 160 millones en expansión logística hacia Perú y Colombia.
  • La disciplina institucional heredada de las AFPs diferencia a estos estructuradores: no exportan capital, sino una metodología que hace financiables proyectos complejos.
  • El desafío pendiente es escalar el modelo al mercado mexicano.

Una tesis generacional toma forma en los mercados de infraestructura

El capital institucional chileno lleva décadas buscando vehículos de inversión en infraestructura más allá de sus fronteras. Lo novedoso no es la ambición, sino el perfil de quienes la ejecutan. Una generación de estructuradores financieros formados en la banca de inversión local, con experiencia en transacciones complejas y conocimiento profundo del marco regulatorio de concesiones, está articulando un ecosistema que conecta el ahorro previsional chileno, los family offices y los desarrolladores logísticos con oportunidades concretas en Perú, Colombia y México.

Rafael Labarca Guajardo representa un caso emblemático de este perfil. Ingeniero Civil Industrial especializado en finanzas corporativas y desarrollo inmobiliario, Labarca acumuló experiencia en Celfin Capital (hoy BTG Pactual) y Banchile Inversiones antes de integrarse a Parque Arauco, donde ha liderado transacciones por más de USD 1.000 millones, según información corporativa de la compañía. Su trayectoria ilustra una ruta profesional que se repite entre los estructuradores chilenos de su generación: formación en la banca de inversión local, migración hacia plataformas corporativas con presencia regional y especialización en la ingeniería financiera que permite conectar capital institucional con activos reales.

Esta dinámica no ocurre en el vacío. Se inscribe en un momento donde la infraestructura latinoamericana demanda volúmenes crecientes de capital privado para cerrar brechas en logística, energía y conectividad digital, y donde Chile cuenta con una arquitectura institucional, desde las AFPs hasta los family offices sofisticados, que puede canalizar recursos hacia esos proyectos.

¿Por qué Chile produce un ecosistema único de estructuración financiera para infraestructura regional?

La respuesta combina factores estructurales e históricos. El sistema de pensiones privado chileno creó una masa crítica de capital de largo plazo que exige rendimientos estables, exactamente lo que ofrecen las concesiones de infraestructura bien estructuradas. A lo largo de tres décadas, este marco generó una demanda sostenida de profesionales capaces de diseñar vehículos financieros compatibles con los mandatos de las AFPs: baja volatilidad, flujos predecibles, garantías contractuales robustas.

El resultado es un talento financiero que entiende simultáneamente la lógica del inversor institucional y la complejidad técnica de los proyectos de infraestructura. Rafael Labarca encarna esta intersección. Su paso por Celfin Capital y Banchile Inversiones lo expuso a la estructuración de instrumentos financieros para inversores institucionales, mientras su rol en Parque Arauco le permitió aplicar esa disciplina al desarrollo de activos reales con presencia en múltiples jurisdicciones.

Pero la historia no se limita a un solo perfil. El ecosistema chileno incluye actores complementarios que operan en distintas capas de la cadena de valor. Inversiones Marchigue, el family office de la familia Izquierdo Menéndez, mantiene una participación estratégica del 17,61% en Puerto Ventanas, según documentos corporativos de aumento de capital publicados en marzo de 2026. Esta posición refleja cómo el capital familiar chileno busca exposición directa a activos de infraestructura portuaria, un segmento donde la experiencia doméstica se transfiere con relativa facilidad a otros mercados costeros de la región.

Sergio Barros, desde la gerencia general de Bodegas San Francisco (BSF), ejecuta una estrategia de expansión logística que también refleja la ambición regional chilena. Según Revista Logistec y Diario Financiero, BSF invierte USD 2,5 millones para ampliar su Centro Logístico en Temuco en 10.000 metros cuadrados, con una proyección de llevar la capacidad total de 20.000 a 30.000 metros cuadrados en un plazo estimado de tres años de obras progresivas. Este tipo de inversión incremental en infraestructura logística doméstica genera las capacidades operativas que luego se exportan a mercados vecinos.

El modelo chileno de estructuración financiera para infraestructura se distingue por su capacidad de integrar disciplina institucional con agilidad operativa, una combinación que resulta particularmente valiosa en mercados andinos donde el pipeline de concesiones requiere inversores sofisticados.

¿Cómo se conectan los estructuradores chilenos con el pipeline de concesiones en Colombia, Perú y México?

La expansión de Grupo Campos ofrece un caso concreto. Según Diario Financiero, la compañía anunció una inversión superior a USD 160 millones, aproximadamente 2 millones de UF por país, para expandir su infraestructura logística hacia Perú y Colombia. La proyección incluye la entrega de un nuevo centro logístico de 60.000 metros cuadrados en la Calle 80 de Bogotá para el segundo semestre de 2026, de acuerdo con información de Diagonal 2 y la propia compañía.

Este despliegue logístico transfronterizo requiere exactamente el tipo de estructuración financiera en la que se especializan profesionales como Rafael Labarca: modelos de financiamiento que combinan deuda local e internacional, coberturas cambiarias, y estructuras contractuales que satisfagan a los inversores institucionales que respaldan estas operaciones.

La ventaja competitiva de los estructuradores chilenos reside en su capacidad de hablar simultáneamente el lenguaje de las AFPs y el de los desarrolladores de activos, una habilidad que pocos mercados latinoamericanos han producido con la misma densidad.

El ecosistema andino también evoluciona para recibir este capital. En Colombia, Karen Scarpetta, ex gerente regional de WeWork Latam, fue designada Country Manager de Tesla en Colombia, según Autodigital y Las2orillas, con el mandato de liderar la introducción de la marca y el desarrollo de infraestructura de carga (Superchargers) en el país. La llegada de nuevas capas de infraestructura tecnológica y energética, como las redes de carga eléctrica, genera oportunidades de estructuración financiera que complementan los segmentos tradicionales de concesiones viales y portuarias.

Este fenómeno evidencia cómo la infraestructura latinoamericana se diversifica. Los estructuradores chilenos que construyeron su expertise en concesiones viales y activos inmobiliarios durante las décadas de 2000 y 2010 encuentran ahora un campo expandido: infraestructura logística de última milla, redes de carga eléctrica, centros de datos y plataformas de distribución regional. La formación en finanzas corporativas y la experiencia transaccional acumulada por profesionales como Labarca resultan transferibles a estos nuevos segmentos.

El factor diferencial: disciplina institucional aplicada a mercados emergentes

Lo que distingue a esta generación de estructuradores chilenos de sus pares regionales es la disciplina institucional heredada del ecosistema de AFPs. Los inversores institucionales chilenos exigen estándares de gobernanza, transparencia financiera y previsibilidad contractual que elevan la calidad de las estructuraciones. Cuando un profesional formado en ese entorno diseña un vehículo de inversión para una concesión en Colombia o Perú, incorpora automáticamente esos estándares, lo cual facilita la entrada de capital internacional adicional.

La generación de Rafael Labarca no exporta capital chileno; exporta una metodología de estructuración que hace bankable proyectos que de otro modo permanecerían en fase de ingeniería. Esta distinción es fundamental para entender por qué los estructuradores chilenos ocupan posiciones clave en transacciones que exceden con creces el tamaño del mercado doméstico.

La trayectoria de Labarca, con más de USD 1.000 millones en transacciones lideradas, sitúa a este perfil en la categoría de estructuradores que pueden moverse entre jurisdicciones con credibilidad ante inversores institucionales, bancos de desarrollo y operadores de activos. Su paso por Celfin Capital, una plataforma que fue absorbida por BTG Pactual precisamente por la calidad de su equipo de banca de inversión, y por Banchile Inversiones, el brazo de inversiones del mayor banco comercial chileno, le otorgó una formación que combina rigor analítico con capacidad de ejecución.

Implicaciones para el mercado regional

La consolidación de este ecosistema chileno de estructuración tiene implicaciones directas para el pipeline de concesiones en América Latina. En primer lugar, reduce la dependencia de bancos de inversión globales para la estructuración de transacciones de infraestructura en la región. En segundo lugar, facilita la entrada de capital previsional chileno en proyectos andinos y mexicanos, ampliando la base de inversores disponibles. En tercer lugar, establece un estándar de gobernanza financiera que puede acelerar el cierre de transacciones complejas.

Desde la perspectiva de GRI Institute, que reúne a los principales líderes del sector inmobiliario e infraestructura en América Latina, este fenómeno generacional merece seguimiento cercano. Las discusiones en los encuentros de la comunidad GRI en la región andina reflejan con frecuencia la presencia creciente de capital y talento chileno en las mesas de negociación de concesiones. Comprender la lógica de estos estructuradores, sus mandatos institucionales y sus criterios de inversión, resulta esencial para cualquier actor que busque participar en el mercado de infraestructura latinoamericano.

La pregunta que queda abierta es si esta generación logrará escalar su modelo más allá de los mercados andinos naturales y posicionarse como interlocutor relevante en el pipeline de concesiones mexicano, donde la competencia con capital norteamericano y asiático añade una dimensión adicional de complejidad. Los próximos 24 meses ofrecerán respuestas concretas.

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