La generación de ejecutivos chilenos que redefine la estructuración de infraestructura en el Cono Sur

Patricio Rivera Torres, Armando Ide y Eduardo Pérez Marchant integran una cohorte de líderes que impulsa nuevos vehículos de inversión en un mercado de US$ 8.600 millones.

6 de julio de 2026Infraestructura
Escrito por:GRI Institute

Resumen Ejecutivo

Chile enfrenta su ciclo de inversión en infraestructura más ambicioso, con 15 proyectos estratégicos por US$ 8.614 millones en 2025-2026. El MOP busca cuadruplicar la inversión concesionada anual y diversificar la cartera más allá de proyectos viales, incorporando infraestructura social, hídrica y urbana. Ejecutivos como Patricio Rivera Torres, Armando Ide (Grupo BIBA) y Eduardo Pérez Marchant (Parque Arauco) lideran esta transformación, difuminando las fronteras entre infraestructura y real estate. Su capacidad de estructuración financiera resulta clave para atraer capital institucional hacia proyectos de nueva generación en el Cono Sur.

Puntos Clave

  • Chile planea cuadruplicar su inversión anual en concesiones, de US$ 1.000 a US$ 4.000 millones, con una cartera 2025-2026 de US$ 8.614 millones.
  • El MOP busca reducir la concentración vial del 80% al 60%, diversificando hacia infraestructura social, hídrica y transporte urbano.
  • La Ley de Desalinización extiende el modelo de concesiones al sector hídrico, posicionando a Chile como referente regional.
  • Ejecutivos como Rivera Torres, Ide y Pérez Marchant representan la convergencia entre infraestructura tradicional y real estate.
  • Chile funciona como laboratorio regulatorio cuyos modelos se exportan a otros mercados latinoamericanos.

Una cohorte de estructuradores con visión regional

Chile atraviesa el ciclo de inversión en infraestructura más ambicioso de su historia reciente. El Ministerio de Obras Públicas (MOP) presentó una cartera de concesiones para 2025-2026 que incluye 15 proyectos estratégicos con una inversión estimada de hasta US$ 8.614 millones, según datos oficiales de la Dirección General de Concesiones actualizados en abril de 2025. La magnitud de este pipeline no tiene precedentes en la tradición concesionaria del país y exige un nivel de sofisticación en la estructuración financiera que solo un grupo reducido de ejecutivos puede ofrecer.

Entre ellos, nombres como Patricio Rivera Torres, Armando Ide y Eduardo Pérez Marchant representan perfiles distintos pero complementarios dentro de la cadena de decisión que conecta al capital privado con los activos de infraestructura del Cono Sur. Su relevancia trasciende los cargos individuales: configuran una generación que está redefiniendo cómo se diseñan, financian y operan los proyectos de largo plazo en la región.

El interés del mercado por estos perfiles es verificable. GRI Institute ha identificado una demanda creciente de información sobre ejecutivos chilenos vinculados a la estructuración de concesiones y activos de infraestructura, una tendencia que refleja la centralidad de Chile como laboratorio regulatorio y financiero para América Latina.

¿Por qué Chile necesita cuadruplicar su ritmo de inversión en concesiones?

La respuesta está en la brecha acumulada entre la infraestructura existente y las necesidades de conectividad, resiliencia hídrica y servicios sociales del país. El MOP se ha fijado un objetivo explícito: pasar de un promedio histórico de US$ 1.000 millones anuales en inversión concesionada a US$ 4.000 millones anuales, según declaraciones oficiales del ministerio con horizonte 2026.

Este salto cuantitativo implica también una transformación cualitativa. El MOP proyecta reducir la concentración histórica de proyectos viales en la cartera de concesiones, que tradicionalmente representaba el 80%, hasta llevarla al 60%, abriendo espacio a nuevas tipologías como infraestructura social, proyectos de seguridad y teleféricos urbanos. La diversificación de la cartera modifica el perfil de riesgo de los proyectos y, en consecuencia, demanda equipos de estructuración con capacidad de evaluar flujos de caja en sectores donde el historial concesionario es limitado.

La Ley de Desalinización, actualmente en implementación, extiende el modelo de concesiones a la infraestructura hídrica, posicionando a Chile como referente regional en un segmento que hasta hace poco permanecía fuera del perímetro de las asociaciones público-privadas. Este marco normativo abre un nuevo mercado para estructuradores que dominen tanto la ingeniería financiera como la regulación sectorial del agua.

En este contexto, la capacidad de ejecutivos como Patricio Rivera Torres para navegar la complejidad regulatoria y conectar fuentes de capital institucional con proyectos de nueva generación se convierte en un activo estratégico para el ecosistema completo.

¿Quiénes son los ejecutivos que lideran esta transformación?

La generación actual de estructuradores chilenos se distingue por tres características: experiencia en múltiples ciclos concesionarios, capacidad de operar en mercados andinos más allá de Chile y visión de convergencia entre infraestructura tradicional y activos inmobiliarios.

Patricio Rivera Torres forma parte de este grupo de profesionales cuyo perfil genera alta demanda informativa en el mercado, según el monitoreo de GRI Institute. Aunque la información pública detallada sobre sus transacciones específicas es limitada, su posicionamiento dentro del ecosistema de infraestructura chilena lo sitúa en la intersección entre el capital institucional y el pipeline de concesiones que el MOP impulsa para los próximos años. El mercado busca activamente información sobre su trayectoria, lo que confirma su relevancia en la cadena de decisión del sector.

Armando Ide representa la vertiente logística e industrial de esta cohorte. Vinculado a infraestructura de bodegaje y logística a través de Grupo BIBA, Ide opera en un segmento donde la frontera entre infraestructura y real estate se difumina. La infraestructura logística, con sus contratos de largo plazo y flujos predecibles, comparte la gramática financiera de las concesiones tradicionales, y ejecutivos con este perfil aportan al mercado una perspectiva de asignación de capital que privilegia la estabilidad sobre la especulación.

Eduardo Pérez Marchant, al frente de Parque Arauco, ha llevado la convergencia entre infraestructura y real estate a un nuevo nivel. Bajo su liderazgo, Parque Arauco anunció la incorporación de su primer edificio multifamily en Parque Arauco Kennedy, una decisión que refleja cómo los operadores inmobiliarios chilenos están integrando tipologías de activos tradicionalmente asociadas a la infraestructura social. Parque Arauco proyecta crecimientos en ingresos y Ebitda superiores al 15% para 2025, impulsados por expansiones y adquisiciones estratégicas en la región andina, según información corporativa de la compañía.

Estos tres perfiles ilustran una tendencia estructural: el capital chileno ya no distingue rígidamente entre infraestructura y real estate, sino que busca activos con flujos contractuales de largo plazo independientemente de su clasificación sectorial tradicional.

¿Cómo se conecta esta generación con el pipeline de concesiones 2026-2030?

La cartera de US$ 8.614 millones del MOP para 2025-2026 constituye apenas el primer tramo de un programa de inversión que se extiende hasta el final de la década. La diversificación hacia infraestructura social, hídrica y de transporte urbano genera oportunidades para vehículos de inversión que combinen expertise concesionario con capacidad de gestión de activos complejos.

Para ejecutivos como Rivera Torres, Ide y Pérez Marchant, el desafío consiste en diseñar estructuras financieras que atraigan capital institucional, tanto local como internacional, hacia proyectos con perfiles de riesgo-retorno diferentes a los de las autopistas y aeropuertos que dominaron las primeras generaciones de concesiones chilenas.

La meta del MOP de cuadruplicar la inversión anual en concesiones exige una movilización de capital que supera la capacidad de los actores tradicionales del mercado. Los fondos de pensiones chilenos, las aseguradoras regionales y los fondos de infraestructura globales necesitan interlocutores capaces de traducir los objetivos de política pública en instrumentos financieros bancables. Esa función de intermediación estratégica es precisamente la que define a esta generación de estructuradores.

La convergencia entre capital inmobiliario e infraestructura tradicional, visible en las decisiones de Parque Arauco y en la trayectoria de operadores logísticos como Grupo BIBA, anticipa la formación de plataformas de inversión híbridas que podrían convertirse en el modelo dominante de la próxima década en el Cono Sur.

El Cono Sur como laboratorio de estructuración

Chile ha funcionado históricamente como el mercado donde se prueban los modelos de concesión que luego se exportan a Colombia, Perú y, en menor medida, a México. La sofisticación del marco regulatorio chileno, ahora ampliado con la Ley de Desalinización, ofrece un entorno donde los estructuradores pueden desarrollar innovaciones contractuales con menor riesgo regulatorio que en otros mercados de la región.

Esta ventaja competitiva explica por qué ejecutivos chilenos ocupan posiciones de influencia en proyectos que trascienden las fronteras nacionales. La experiencia acumulada en múltiples ciclos de concesiones, combinada con la exposición a mercados andinos a través de plataformas como Parque Arauco, genera un tipo de profesional que comprende tanto la dimensión técnica como la geopolítica de la infraestructura regional.

GRI Institute ha documentado extensamente esta dinámica a través de sus encuentros de liderazgo en infraestructura latinoamericana, donde los tomadores de decisión chilenos mantienen un papel protagónico en las conversaciones sobre estructuración financiera, regulación y asignación de capital. La comunidad de miembros de GRI Institute ofrece el espacio donde estas conexiones entre ejecutivos, reguladores y fondos de inversión se materializan en oportunidades concretas.

La generación que representan Patricio Rivera Torres, Armando Ide y Eduardo Pérez Marchant no opera en el vacío. Su capacidad de generar valor depende del ecosistema institucional que los rodea: un MOP con ambiciones históricas, un marco legal en expansión y un mercado de capitales que empieza a reconocer la infraestructura como clase de activo prioritaria. Chile está construyendo las condiciones para que el talento en estructuración financiera se convierta en una ventaja competitiva nacional, y estos ejecutivos son la expresión más visible de esa apuesta.

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