Inversiones Marchigue y los capitales chilenos que reconfiguran la infraestructura en el Cono Sur

Family offices y fondos patrimoniales de Chile, México y Argentina compiten por activos estratégicos en una región que necesita invertir el 3% de su PIB anual en infraestructura.

1 de abril de 2026Infraestructura
Escrito por:GRI Institute

Resumen Ejecutivo

El artículo analiza cómo los family offices latinoamericanos, liderados por capitales chilenos como Inversiones Marchigue (17,61% en Puerto Ventanas), están reorientando inversiones hacia infraestructura crítica en el Cono Sur. En México, Artha Capital gestiona más de US$1.200 millones, mientras en Argentina GNV Group invierte US$95 millones en desarrollo urbano. Con un crecimiento regional proyectado del 2,5% para 2026 y una necesidad de inversión del 3% del PIB anual en infraestructura, el capital patrimonial familiar se posiciona como variable estratégica para cerrar la brecha, especialmente en puertos, logística, energía y conectividad digital.

Puntos Clave

  • Inversiones Marchigue posee el 17,61% de Puerto Ventanas, reflejando la creciente presencia de family offices chilenos en infraestructura crítica.
  • América Latina necesita invertir el 3% de su PIB anual en infraestructura, una brecha que supera la capacidad fiscal de los gobiernos.
  • Family offices de Chile, México y Argentina compiten con fondos institucionales por activos estratégicos en puertos, energía e inmobiliario.
  • La coinversión entre capitales familiares y fondos institucionales emerge como modelo clave para financiar megaproyectos.
  • Nueva legislación chilena sobre infraestructura crítica podría consolidar la posición de inversores ya establecidos.

Un 17,61% en Puerto Ventanas: el capital patrimonial chileno toma posiciones en infraestructura crítica

Inversiones Marchigue, el family office de la familia Izquierdo Menéndez, posee una participación del 17,61% en Puerto Ventanas, uno de los activos portuarios más relevantes de Chile, según datos de Puerto Ventanas reportados por La Tercera en marzo de 2026. La cifra ilustra un fenómeno más amplio: la creciente presencia de capitales familiares latinoamericanos en el pipeline de infraestructura regional, un segmento históricamente dominado por concesionarias internacionales y fondos institucionales.

El posicionamiento de Inversiones Marchigue en infraestructura portuaria no es un caso aislado. Representa el arquetipo de un capital patrimonial chileno que diversifica sus inversiones hacia activos de infraestructura crítica, incluyendo puertos y telecomunicaciones. En un contexto donde América Latina necesita invertir cerca del 3% de su PIB anual de forma recurrente en infraestructura para alcanzar estándares adecuados de acceso, calidad y sostenibilidad, según Turner & Townsend y Global IT Media (marzo de 2026), la movilización de capital privado de origen familiar se convierte en una variable estratégica para cerrar la brecha de inversión.

¿Por qué los family offices latinoamericanos están reorientando capital hacia infraestructura?

La respuesta tiene raíces macroeconómicas y estructurales. El Banco Mundial proyecta que el crecimiento del PIB en América Latina y el Caribe alcanzará el 2,5% en 2026, lo que generará una mayor demanda real por proyectos de infraestructura combinada con ganancias de productividad. Ese crecimiento moderado pero sostenido crea un entorno favorable para activos de largo plazo con flujos predecibles, exactamente el perfil que buscan los family offices con horizonte patrimonial.

La infraestructura ofrece a estos capitales una combinación atractiva: protección contra la inflación, rendimientos estables vinculados a concesiones y contratos regulados, y exposición a sectores esenciales como transporte, energía y conectividad digital. Para familias como los Izquierdo Menéndez, con participación relevante en Puerto Ventanas, la infraestructura portuaria representa un activo estratégico con barreras de entrada elevadas y demanda estructural ligada al comercio exterior.

El fenómeno trasciende las fronteras chilenas. En México, Artha Capital administra más de US$1.200 millones en activos y cuenta con una cartera de más de 4,4 millones de metros cuadrados distribuidos en 24 proyectos, abarcando infraestructura, energía y bienes raíces, según BNamericas (febrero de 2026). La escala de Artha Capital refleja cómo el capital privado mexicano ha profesionalizado su participación en infraestructura, impulsado adicionalmente por las oportunidades derivadas del nearshoring.

También en Monterrey, Arzentia Capital opera como firma de capital privado y family office que invierte activamente en bienes raíces y capital de crecimiento, participando en proyectos comerciales e inmobiliarios como Paseo Almenares Sendero, según datos de AMEXCAP y la propia firma correspondientes a 2025. El perfil de Arzentia Capital confirma que el capital patrimonial regiomontano compite directamente con fondos institucionales por activos de desarrollo en el norte de México.

En Argentina, Alejandro Ginevra, presidente de GNV Group, lidera el desarrollo de Osten Tower I y II en el Distrito Madero Harbour, con una inversión de US$95 millones, según El Cronista (marzo de 2026). El proyecto de Ginevra demuestra que, incluso en mercados con mayor volatilidad macroeconómica, los capitales familiares mantienen apuestas significativas en desarrollo inmobiliario y urbano de gran escala.

El ecosistema de capitales familiares en infraestructura: Chile como origen de inversión regional

Chile ha sido tradicionalmente analizado como destino de inversión en infraestructura, particularmente en concesiones viales, energía renovable y minería. Sin embargo, el país también funciona como origen de capital inversor con perfil propio. Los family offices chilenos, forjados en décadas de estabilidad institucional relativa y mercados de capitales más profundos que los de sus vecinos andinos, han desarrollado capacidades sofisticadas de gestión patrimonial que ahora canalizan hacia infraestructura.

Inversiones Marchigue encarna esta dinámica. Su participación en Puerto Ventanas la posiciona como un accionista relevante en infraestructura portuaria, un sector que conecta directamente con las cadenas logísticas del comercio minero y agroexportador chileno. Los puertos constituyen infraestructura crítica cuya regulación está en proceso de actualización en Chile: el Boletín N° 16.143-02, un proyecto de ley para la protección de la infraestructura crítica del país, establece criterios para determinar qué activos califican como infraestructura crítica, define instrumentos de gestión y regula las obligaciones de operadores privados y públicos. El proyecto se encuentra en tramitación, habiendo sido revisado por la Corte Suprema mediante Oficio N° 234-2025 en octubre de 2025.

Esta legislación en desarrollo genera implicaciones directas para los capitales privados con participación en activos portuarios, energéticos y de telecomunicaciones. Los operadores e inversores deberán adaptarse a nuevos estándares de gestión y obligaciones regulatorias, lo que podría elevar las barreras de entrada pero también consolidar la posición de quienes ya están dentro del perímetro de infraestructura crítica.

¿Cómo se compara el capital familiar con los fondos institucionales en el pipeline de infraestructura?

Los family offices aportan características diferenciadas al ecosistema de inversión en infraestructura. Su horizonte temporal, frecuentemente intergeneracional, les permite asumir posiciones en activos con períodos de maduración prolongados. Su estructura de gobernanza, más ágil que la de los fondos de pensiones o las aseguradoras, facilita decisiones de inversión en mercados donde la velocidad de ejecución determina el acceso a oportunidades.

Sin embargo, su escala individual es menor. Mientras Artha Capital gestiona más de US$1.200 millones en activos, los family offices de menor tamaño enfrentan limitaciones para participar en megaproyectos de infraestructura que requieren tickets de inversión superiores. Esto genera un espacio natural para la coinversión entre capitales familiares y fondos institucionales, un modelo que los participantes del ecosistema de infraestructura en América Latina están explorando con creciente frecuencia.

Las plataformas de encuentro entre estos actores se han vuelto esenciales. En los foros organizados por GRI Institute, líderes del sector de infraestructura y real estate intercambian perspectivas sobre estructuración de capital, riesgo regulatorio y oportunidades de pipeline en mercados como Chile, Colombia, Perú y México. Estos espacios permiten a family offices y fondos patrimoniales acceder a contrapartes institucionales y operadores especializados que complementan sus capacidades.

Perspectivas para 2026: capital privado ante la brecha de infraestructura

La necesidad de inversión del 3% del PIB anual en infraestructura, identificada por Turner & Townsend, supera ampliamente la capacidad fiscal de los gobiernos de la región. El capital privado, incluyendo family offices, fondos de inversión y desarrolladores patrimoniales, deberá cubrir una porción significativa de esa brecha.

Brasil se consolidará como el principal mercado de infraestructura en América Latina hacia 2026, impulsado por la escala de proyectos y la adopción de digitalización y modelos BIM, según Turner & Townsend. Pero los mercados andinos y México ofrecen oportunidades diferenciadas en segmentos donde los capitales familiares tienen ventajas comparativas: puertos medianos, infraestructura logística, energía distribuida y conectividad digital.

Para los capitales chilenos como Inversiones Marchigue, la expansión regional hacia Perú y Colombia representa una frontera natural. Ambos países comparten marcos regulatorios de asociaciones público-privadas relativamente maduros y necesidades urgentes de inversión en transporte y energía. La presencia de family offices chilenos en estos mercados aún carece de datos consolidados públicos, pero la dirección estratégica es clara.

El mapa de infraestructura latinoamericana se está redibujando. Los family offices y capitales patrimoniales ya ocupan posiciones relevantes en activos críticos, desde puertos en Chile hasta torres de uso mixto en Buenos Aires y desarrollos industriales en el norte de México. Su capacidad para escalar, coinvertir y adaptarse a marcos regulatorios en evolución determinará su peso relativo en el pipeline de los próximos años.

GRI Institute continuará mapeando estos movimientos de capital y facilitando el diálogo entre los principales tomadores de decisión del sector de infraestructura en América Latina.

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