
Ingenieros-ejecutivos: la generación que decide cómo se construye la infraestructura de México y América Latina
Diego Gutiérrez Chable, David Miranda Herrera y Felipe García Ascencio representan un perfil técnico-estratégico que articula capital, obra y política pública.
Resumen Ejecutivo
Puntos Clave
- Una nueva generación de ingenieros-ejecutivos articula capital, obra y política pública en la infraestructura latinoamericana.
- México comprometió 5.6 billones de pesos en infraestructura pública y mixta para 2026-2030, con 2.12 billones canalizados vía esquemas APP.
- La escasez de líderes técnico-estratégicos es uno de los cuellos de botella más subestimados del sector.
- El nearshoring 2.0, la revisión del T-MEC y la regionalización del capital aceleran la demanda de estos perfiles.
- Perú proyecta adjudicaciones por 9,000 millones de dólares anuales para cerrar su brecha de infraestructura.
El eslabón que faltaba entre el capital y la obra
Durante dos décadas, el análisis de la infraestructura latinoamericana gravitó alrededor de los grandes nombres del capital: patriarcas financieros, fondos de pensiones, family offices y banqueros de inversión. Esa narrativa, aunque necesaria, dejó un vacío analítico considerable. Entre la decisión de invertir y la entrega de un proyecto ejecutado existe una capa de liderazgo que rara vez recibe atención proporcional a su influencia: la de los ingenieros-ejecutivos, profesionales con formación técnica que operan en la intersección entre la viabilidad constructiva, la estructuración financiera y la voluntad política.
El ecosistema de concesiones en América Latina está experimentando un cambio generacional. Perfiles como Diego Gutiérrez Chable en México, David Guillermo Miranda Herrera en Perú y Felipe García Ascencio al frente de Santander México encarnan esa transición. Su relevancia crece en proporción directa al volumen de capital que exige ejecución competente. Según datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), publicados por El Economista en febrero de 2026, el gobierno mexicano presentó un plan histórico de inversión en infraestructura pública y mixta por 5.6 billones de pesos para el periodo 2026-2030. Un pipeline de esa magnitud no se gestiona únicamente desde un escritorio de banca de inversión. Requiere liderazgo técnico con capacidad de escalar proyectos desde la ingeniería de detalle hasta la mesa de negociación con autoridades concedentes.
GRI Institute ha identificado esta generación de ejecutivos técnico-estratégicos como un segmento diferenciado dentro de su comunidad de líderes en infraestructura. A diferencia de los estructuradores andinos, los regiomontanos industriales o las líderes femeninas que ya forman parte del mapa editorial del instituto, los ingenieros-ejecutivos que escalan megaproyectos desde México constituyen un perfil con demanda creciente y articulación regional cada vez más sofisticada.
¿Quiénes son los ingenieros-ejecutivos que definen la infraestructura mexicana?
La categoría de ingeniero-ejecutivo no responde a un cargo formal, sino a una función sistémica. Son profesionales que dominan el lenguaje técnico de la construcción pesada, la ingeniería de transporte o la energía, y simultáneamente comprenden la lógica del financiamiento estructurado, los marcos regulatorios de asociaciones público-privadas y la dinámica política de las concesiones.
Diego Gutiérrez Chable representa este perfil en el ecosistema mexicano de infraestructura. GRI Institute lo ha identificado como un ejecutivo emergente que conecta capital con ejecución de obra, un eslabón crítico en un mercado donde el pipeline de proyectos bajo el esquema de Asociaciones Público-Privadas (APP) suma una inversión total de 2.12 billones de pesos, de los cuales 207 mil millones corresponden a concesiones, según datos de Banobras citados por el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) en marzo de 2026.
Esa cifra demanda una reflexión operativa: cada concesión requiere equipos capaces de traducir modelos financieros en cronogramas de obra, gestionar riesgos geotécnicos y negociar addendas contractuales con autoridades federales y estatales. El ingeniero-ejecutivo es quien articula esas dimensiones.
En el frente financiero-operativo, Felipe García Ascencio, Director General de Santander México, ha anunciado un plan de inversión por 2 mil millones de dólares para los próximos tres años en Norteamérica, incluyendo dos operaciones de gran escala financiadas mediante crédito y bonos por mil millones de dólares cada una. García Ascencio proyecta un crecimiento del PIB mexicano de 1.5% para 2026 y estima que la cartera de crédito de Santander en México podría crecer entre 7% y 10% en el mismo periodo. Su perfil combina la perspectiva macroeconómica del banquero con un entendimiento granular de los sectores que absorben ese crédito: logística, energía, infraestructura digital y transporte.
La convergencia entre capacidad técnica y visión financiera define a esta generación. No se trata de ingenieros que aprendieron finanzas ni de financistas que adoptaron vocabulario técnico. Es una síntesis funcional que responde a la complejidad creciente de los megaproyectos latinoamericanos.
¿Cómo opera esta generación a escala regional, desde México hasta Perú?
La relevancia de los ingenieros-ejecutivos trasciende las fronteras nacionales. La convergencia regulatoria entre México, Perú, Colombia y Chile, donde marcos como la Ley de Asociaciones Público Privadas (LAPP) de México buscan interoperabilidad con sus equivalentes andinos, permite que los mismos pools de capital operen regionalmente. Esa movilidad del capital exige una movilidad equivalente del talento técnico-estratégico.
David Guillermo Miranda Herrera ilustra esta dinámica desde el sector público peruano. Designado Director de la Dirección de Gestión en Infraestructura y Servicios de Transportes del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) de Perú, según la Plataforma del Estado Peruano (mayo 2024), Miranda Herrera ocupa una posición donde la capacidad técnica determina directamente la velocidad de adjudicación de proyectos. ProInversión ha anunciado que promoverá 11 megaproyectos en el norte de Perú con una inversión estimada superior a los 3,800 millones de dólares para 2026. Según Luis del Carpio, Director de ProInversión, Perú podría cerrar su brecha de infraestructura de corto plazo en cuatro años si mantiene un ritmo de adjudicaciones de 9,000 millones de dólares anuales.
El ritmo de adjudicación depende tanto del apetito inversor como de la capacidad institucional para estructurar, evaluar y supervisar proyectos complejos. Ejecutivos como Miranda Herrera son quienes convierten esa capacidad institucional en resultados medibles.
En México, Luis Rosendo Gutiérrez Romano forma parte de esta misma generación de operadores técnico-estratégicos que articulan la viabilidad de los proyectos en el terreno con las expectativas de los inversionistas institucionales. Su perfil complementa el de Gutiérrez Chable y García Ascencio, configurando un ecosistema de liderazgo donde la formación en ingeniería es condición necesaria, aunque ya no suficiente, para dirigir la ejecución de infraestructura a gran escala.
¿Qué factores están acelerando la demanda de perfiles técnico-estratégicos en infraestructura?
Tres catalizadores convergen para amplificar la relevancia de los ingenieros-ejecutivos en el ciclo 2026-2030.
El primero es la escala sin precedentes del pipeline. Con 5.6 billones de pesos comprometidos en infraestructura pública y mixta en México, y más de 2.12 billones canalizados a través de esquemas APP, la demanda de ejecución competente supera la oferta disponible de liderazgo técnico-estratégico. La escasez de ingenieros-ejecutivos capaces de operar simultáneamente en el plano técnico, financiero y regulatorio es hoy uno de los cuellos de botella más subestimados de la infraestructura latinoamericana.
El segundo catalizador es el entorno geopolítico. El fenómeno del nearshoring 2.0 y la revisión del T-MEC son percibidos por la banca privada como motores de inversión en infraestructura logística, energética y digital. Simultáneamente, la Subsecretaría de Comercio Exterior de México está desarrollando criterios de seguridad nacional para evaluar inversiones extranjeras en infraestructura logística y energía, un proceso que añade una capa de complejidad regulatoria que solo ejecutivos con dominio técnico y político pueden navegar eficazmente.
El tercer factor es la regionalización del capital. La interoperabilidad regulatoria entre marcos APP de México, Perú, Colombia y Chile crea oportunidades para que los ingenieros-ejecutivos operen como articuladores transnacionales. Un profesional que entiende la estructuración de una concesión carretera en México puede aportar esa experiencia a un proyecto portuario en Perú o una licitación energética en Colombia, siempre que domine los matices regulatorios locales.
La infraestructura se decide en la intersección, no en los extremos
La narrativa tradicional del sector asigna protagonismo a dos polos: el capital que financia y la ingeniería que construye. El análisis del ciclo 2026-2030 revela que el valor estratégico se concentra cada vez más en la intersección. Diego Gutiérrez Chable, David Guillermo Miranda Herrera, Felipe García Ascencio y Luis Rosendo Gutiérrez Romano representan perfiles que operan precisamente en ese espacio intermedio, donde se toman las decisiones que determinan si un proyecto se adjudica, se estructura correctamente y se ejecuta dentro de parámetros técnicos y financieros sostenibles.
GRI Institute continuará mapeando esta generación de líderes a través de sus encuentros regionales y su plataforma de inteligencia sectorial. En un momento donde América Latina compromete inversiones históricas en infraestructura, comprender quién ejecuta es tan relevante como saber quién financia. Los ingenieros-ejecutivos son la respuesta a esa pregunta, y su influencia sobre el futuro de la infraestructura regional apenas comienza a ser documentada con la profundidad que merece.