
Fernando Martínez Zurita a los 37: la sucesión generacional redefine el capital privado de infraestructura en México
La edad de los nuevos gestores de fondos configura horizontes de inversión más largos, gobernanza distinta y un apetito de riesgo calibrado para el ciclo de infraestructura más ambicioso del país.
Resumen Ejecutivo
Puntos Clave
- Gestores sub-40 como Fernando Martínez Zurita (37 años) redefinen horizontes de inversión en infraestructura mexicana, favoreciendo plazos más largos y mayor tolerancia a la iliquidez.
- El capital privado en México pasaría de 5,000 MDD (2025) a 21,300 MDD en 2034, con crecimiento anual compuesto del 8.23%.
- El Plan de Infraestructura 2026-2030 proyecta 5.6 billones de pesos, con energía (54.15%) como sector dominante.
- La inversión física federal cayó 44.9% real en los primeros meses de 2026, presionando al sector privado a liderar la ejecución.
- La nueva Ley de Infraestructura Estratégica introduce vehículos de propósito específico y esquemas de participación mixta que favorecen a gestores adaptables.
Una generación al frente de billones
Fernando Martínez Zurita cumplió 37 años en febrero de 2026, según reportó Reforma. La cifra, aparentemente anecdótica, condensa una variable estratégica que el mercado mexicano de infraestructura apenas comienza a procesar: los estructuradores que liderarán la asignación de capital durante la próxima década pertenecen a una cohorte que llegó a posiciones de decisión antes de los 40 años, con tesis de inversión forjadas en un entorno de volatilidad regulatoria, nearshoring acelerado y redefinición del papel del Estado en la obra pública.
Mazza Capital, la desarrolladora cofundada por Martínez Zurita, opera en un ecosistema donde el perfil etario del gestor dejó de ser un dato biográfico para convertirse en un indicador de gobernanza. Cuando el horizonte biológico de un fundador se extiende tres o cuatro décadas por delante de su primer cierre de fondo, la estructura de incentivos cambia: los plazos de desinversión se alargan, la tolerancia a la iliquidez aumenta y la relación con los limited partners se reconfigura hacia compromisos de capital más pacientes.
Este fenómeno no es exclusivo de una sola firma. La conversación dentro del ecosistema de líderes de infraestructura de GRI Institute en México ha puesto sobre la mesa, en encuentros recientes, la pregunta de cómo la renovación generacional altera las métricas de riesgo-retorno en fondos mid-cap orientados a activos reales. La respuesta está lejos de ser uniforme, pero la tendencia es clara: la nueva generación estructura distinto porque piensa en ciclos distintos.
¿Cómo transforma la edad del gestor el apetito de riesgo en fondos de infraestructura?
El capital privado en México alcanzó inversiones por poco más de 5,000 millones de dólares en 2025, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Capital Privado (Amexcap). La proyección para 2026 es aún más ambiciosa: hasta 7,500 millones de dólares en inversiones comprometidas, según la misma fuente. Si se mira el horizonte largo, IMARC Group estima que el mercado de capital privado mexicano alcanzará los 21,300 millones de dólares para 2034, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 8.23% entre 2026 y 2034.
Dentro de ese volumen creciente, la infraestructura compite por asignación con sectores de rotación más rápida. Los gestores de mayor trayectoria, formados en los ciclos de concesiones de los años noventa y dos mil, tienden a privilegiar estructuras probadas con flujos predecibles. Los gestores más jóvenes, en cambio, muestran mayor disposición a explorar segmentos emergentes como infraestructura digital, almacenamiento de energía y logística de última milla, donde los flujos de caja tardan más en estabilizarse pero el potencial de apreciación de capital es superior.
La diferencia no radica en la audacia, sino en el cálculo actuarial implícito. Un gestor de 37 años que estructura un fondo con vida de 12 años más extensiones tendrá 49 o 50 años al momento de la liquidación final. Para un gestor de 60, ese mismo fondo representa su última apuesta relevante. La presión por distribuir rendimientos en el corto plazo es estructuralmente distinta, y esa presión moldea la cartera desde el primer comité de inversión.
Esta lógica tiene implicaciones directas para el plan de infraestructura del gobierno de Claudia Sheinbaum. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público proyecta una inversión total de 5.6 billones de pesos en infraestructura entre 2026 y 2030 a través del Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar. Solo para 2026, el plan busca movilizar 722 mil millones de pesos adicionales, equivalentes al 2% del PIB proyectado. El sector de energía concentra el 54.15% del total proyectado, seguido por el ferroviario con 15.63% y carreteras con 13.93%, según datos de la misma dependencia.
Ejecutar esas cifras requiere gestores capaces de operar bajo la nueva Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 9 de abril de 2026. Esta legislación introduce figuras como los Vehículos de Propósito Específico y los Esquemas de Participación Mixta, diseñados para canalizar inversión privada bajo rectoría estatal. La complejidad de estos vehículos favorece a operadores con flexibilidad para adaptarse a marcos regulatorios en evolución, un rasgo que los analistas del sector asocian con frecuencia a las generaciones más recientes de financieros.
¿Puede la nueva generación de financieros mexicanos cerrar la brecha entre el plan gubernamental y la ejecución real?
La ambición del plan gubernamental contrasta con una realidad fiscal que exige cautela. La inversión física federal cayó un 44.9% en términos reales durante los primeros dos meses de 2026 respecto al mismo período de 2025, de acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Esa contracción no invalida el plan, pero subraya que la ejecución dependerá en gran medida de la capacidad del sector privado para movilizar capital propio y estructurar coinversiones eficientes con el Estado.
Aquí es donde el factor generacional adquiere relevancia operativa. Los nuevos gestores mexicanos de fondos de infraestructura enfrentan un entorno donde las concesiones tradicionales coexisten con esquemas de participación mixta sin precedentes legales consolidados. Navegar esa incertidumbre regulatoria demanda equipos de estructuración con horizontes largos y disposición a invertir en due diligence extendida, dos atributos que se correlacionan con la demografía de los comités de inversión.
El dato de KPMG México refuerza esta lectura: el 65% de las empresas en México planea realizar nuevas inversiones en 2026, con un enfoque centrado en la transformación de sus operaciones más que en la expansión física. Para los fondos de infraestructura, eso implica que los coinversores corporativos buscarán socios capaces de integrar eficiencia operativa y tecnología en los proyectos, no solo capital.
La sucesión generacional en el capital privado mexicano no es un fenómeno de nicho. Adrián García Iza, cofundador de IOS OFFICES y nacido en mayo de 1976, representa una generación intermedia que construyó plataformas de escala nacional antes de cumplir 50 años. Figuras como Martínez Zurita llevan esa curva un paso adelante, accediendo a roles de estructuración de capital en la tercera década de vida. El patrón sugiere una compresión acelerada del ciclo de maduración profesional en el sector, impulsada tanto por la disponibilidad de capital institucional como por la sofisticación de los mercados locales de deuda y equity.
El relevo como variable de gobernanza, no como anécdota
La pregunta sobre la edad de Fernando Martínez Zurita, que circula con frecuencia en buscadores y foros especializados, refleja algo más profundo que curiosidad biográfica. El mercado busca señales sobre quién tomará las decisiones de asignación de capital en el ciclo de infraestructura más grande que México haya planteado en décadas.
La respuesta tiene dimensiones concretas. Un gestor de 37 años que estructura un fondo de infraestructura en 2026 estará activo en el mercado hasta bien entrada la década de 2050. Eso significa que sus decisiones de inversión actuales incorporan, por diseño, la transición energética completa, la maduración de corredores logísticos del nearshoring y al menos dos ciclos regulatorios completos. La extensión del horizonte de gestión activa permite asumir posiciones en activos brownfield con curvas de retorno más lentas y en greenfield con riesgo de construcción elevado, combinaciones que un gestor con horizonte más corto difícilmente priorizaría.
Los encuentros de GRI Institute en la región han documentado esta dinámica de forma recurrente: las mesas de discusión entre CEOs y presidentes de fondos de infraestructura en México revelan una tensión productiva entre la experiencia acumulada de los patriarcas y la ambición calibrada de sus sucesores. El resultado no es un reemplazo, sino una coexistencia donde los comités de inversión se benefician de la combinación de ambos perfiles.
Para el ecosistema de infraestructura mexicano, la sucesión generacional representa una ventana estratégica. Con 5.6 billones de pesos en inversión proyectada, una nueva ley de participación mixta y un mercado de capital privado que podría crecer al 8.23% anual compuesto durante la próxima década, los gestores que definan las reglas del juego serán aquellos con el horizonte más largo y la gobernanza más adaptable. La edad del estructurador, lejos de ser un dato trivial, es el primer indicador de ambas variables.