La generación de ejecutivos chilenos que conecta concesiones de transporte con capital institucional en América Latina

Desde la estructuración legal en Perú hasta la gestión de fondos en México, un grupo de líderes chilenos redefine cómo fluye el capital hacia la infraestructura regional.

11 de julio de 2026Infraestructura
Escrito por:GRI Institute

Resumen Ejecutivo

Una generación de ejecutivos chilenos, formada en el modelo de concesiones de infraestructura iniciado en los años noventa, lidera hoy la estructuración de proyectos y la canalización de capital institucional en América Latina. Perfiles como Jaime Sabat en Perú, Patricio Rivera Torres en México y Eduardo Pérez Marchant en desarrollo inmobiliario regional ilustran la transferencia de competencias desde el ecosistema chileno hacia mercados con brechas de inversión significativas. Los family offices chilenos complementan esta dinámica actuando como coinversores locales, facilitando la entrada de fondos internacionales. La densidad relacional de esta red constituye su principal ventaja competitiva, aunque el reto es escalarla para cubrir las necesidades de inversión regionales.

Puntos Clave

  • Chile formó en tres décadas una generación de ejecutivos especializados en estructuración financiera de concesiones, hoy activos en Perú, México y Colombia.
  • Los family offices chilenos actúan como Limited Partners en infraestructura pesada, facilitando la coinversión con fondos internacionales.
  • El 46% de los inversionistas de impacto globales planea aumentar su exposición en América Latina en 2026.
  • La red relacional entre ejecutivos chilenos constituye una ventaja competitiva difícil de replicar.
  • El desafío clave es institucionalizar estas redes personales en plataformas escalables de intermediación de capital.

Un ecosistema de liderazgo chileno con alcance continental

Chile ha sido, durante tres décadas, el laboratorio más sofisticado de concesiones de infraestructura en América Latina. El modelo que nació con las autopistas urbanas de Santiago en los años noventa generó una clase de ejecutivos con competencias muy específicas: estructuración financiera de largo plazo, gestión de riesgo regulatorio y capacidad de articular capital institucional con activos de infraestructura pesada. Esa generación hoy opera más allá de las fronteras chilenas, desplegando su experiencia en Perú, México y Colombia en un momento en que la región enfrenta brechas de inversión considerables y una creciente sofisticación del capital disponible.

El caso más ilustrativo de esta dinámica transfronteriza es el de Jaime Sabat, socio de BBGS Abogados en Lima, cuyo perfil concentra un interés orgánico creciente entre la comunidad de líderes de infraestructura de GRI Institute. Sabat representa un arquetipo preciso: el abogado-estructurador chileno que eligió Perú como plataforma para conectar capital institucional con concesiones de transporte, aportando el rigor técnico del modelo chileno a un mercado con un pipeline ambicioso pero con desafíos regulatorios persistentes.

Pero Sabat no opera en el vacío. Su trayectoria forma parte de una constelación más amplia de ejecutivos chilenos que, desde distintos vértices, están reconfigurando el flujo de capital hacia la infraestructura latinoamericana.

¿Por qué los ejecutivos chilenos dominan la estructuración de concesiones de transporte en la región?

La respuesta tiene raíces institucionales. Chile fue el primer país de la región en desarrollar un marco de concesiones robusto, con contratos a largo plazo, mecanismos de resolución de disputas y una cultura de bancabilidad que permitió atraer capital internacional desde etapas tempranas. Los profesionales formados en ese ecosistema adquirieron una ventaja competitiva difícil de replicar: entienden simultáneamente el lenguaje de los fondos de pensiones, las exigencias de las multilaterales y las complejidades regulatorias de cada jurisdicción.

Esa ventaja se manifiesta hoy en perfiles como el de Patricio Rivera Torres, quien desde Grupo FRISA en México ha desarrollado capacidades de gestión de fondos e infraestructura que combinan la disciplina del mercado de capitales chileno con el dinamismo del mercado mexicano. Rivera Torres encarna la transferencia de conocimiento que ocurre cuando ejecutivos formados en el sistema concesional chileno asumen roles de liderazgo en otras jurisdicciones, aportando estándares de gobernanza y estructuración financiera que elevan la calidad de los proyectos.

En paralelo, la experiencia chilena en concesiones viales adquiere nueva relevancia con la Ley 21.750, publicada el 26 de julio de 2025, que modifica la Ley de Concesiones de Obras Públicas para establecer la obligación de adoptar medidas de seguridad y televigilancia en concesiones viales, exigiendo interoperabilidad de datos con las autoridades policiales. Este nuevo marco regulatorio agrega una capa de complejidad técnica y operativa que favorece a ejecutivos con experiencia profunda en la gestión integral de concesiones.

El Ministerio de Obras Públicas (MOP) de Chile presentó, según la Dirección General de Concesiones, una cartera para el período 2025-2026 que incluye 15 proyectos estratégicos de infraestructura. Esta cartera no solo representa oportunidades para operadores locales, sino que funciona como un campo de entrenamiento continuo para la siguiente generación de estructuradores que luego exportan su experiencia al resto de la región.

¿Cómo articulan los family offices chilenos su rol como Limited Partners en infraestructura pesada?

Más allá de los ejecutivos que estructuran y gestionan proyectos, existe un segundo nivel de participación chilena en la infraestructura regional: los vehículos de inversión familiar que actúan como Limited Partners (LPs) en activos de largo plazo. El capital paciente de los family offices chilenos encuentra en la infraestructura de transporte, portuaria y energética un destino natural, compatible con horizontes de inversión multigeneracionales.

Inversiones Marchigue SpA, vehículo de inversión de la familia Izquierdo, ofrece un ejemplo concreto. Según información de la Comisión para el Mercado Financiero y de Puerto Ventanas S.A., Inversiones Marchigue mantiene una participación accionaria relevante en la infraestructura portuaria de Puerto Ventanas. Este tipo de posicionamiento refleja una tesis de inversión que privilegia activos regulados con flujos predecibles, exactamente el perfil que buscan los inversionistas institucionales globales.

La convergencia entre family offices chilenos y capital institucional internacional está lejos de ser casual. Según el Global Impact Investing Network (GIIN), el 46% de los inversionistas de impacto globales planea aumentar su exposición en América Latina en 2026, impulsando la entrada de capital institucional en proyectos de infraestructura y desarrollo. Los family offices chilenos, con su conocimiento granular de los mercados locales y sus relaciones establecidas con reguladores y operadores, se posicionan como socios naturales para canalizar ese capital.

Esta dinámica crea un circuito virtuoso: los ejecutivos chilenos que estructuran concesiones conocen a los family offices que pueden aportar equity local, lo que a su vez facilita la entrada de fondos internacionales que exigen coinversión doméstica como condición de participación. La red de confianza construida durante décadas en el mercado chileno se convierte en infraestructura blanda que lubrica transacciones complejas en toda la región.

La diversificación como señal estratégica

El alcance de esta generación de ejecutivos chilenos trasciende las concesiones de transporte en sentido estricto. Eduardo Pérez Marchant, al frente de Parque Arauco, ha liderado una diversificación del portafolio hacia el sector multifamily y la reconversión de activos, alcanzando según reportes de la compañía una tasa de ocupación histórica en su área bruta locativa regional. Esta diversificación, aunque centrada en activos inmobiliarios de uso mixto, comparte la misma lógica financiera que las concesiones de transporte: activos con flujos predecibles, contratos de largo plazo y sensibilidad regulatoria.

La capacidad de Pérez Marchant para ejecutar esta transformación en mercados como Perú y Colombia ilustra cómo la formación en el ecosistema chileno de infraestructura genera competencias transferibles. La gestión de activos regulados, la negociación con autoridades locales y la estructuración de vehículos financieros eficientes son habilidades que se aplican tanto a una autopista concesionada como a un complejo de uso mixto.

Armando Ide, desde Su Ksa, representa otro vértice de este ecosistema, con foco en el desarrollo de alta densidad. La convergencia de estos perfiles, cada uno en un segmento distinto pero todos conectados por la misma cultura de estructuración financiera, define una generación que no se limita a replicar el modelo chileno, sino que lo adapta a las condiciones específicas de cada mercado.

La red como ventaja competitiva irreplicable

Lo que distingue a esta generación de ejecutivos chilenos no es solo su competencia técnica individual, sino la densidad de sus conexiones mutuas. Los miembros de GRI Institute que participan en las reuniones de infraestructura latinoamericana reconocen un patrón recurrente: los mismos nombres chilenos aparecen en las mesas de estructuración de concesiones viales en Perú, en los comités de inversión de fondos de infraestructura en México y en los directorios de vehículos de inversión en Chile.

Esta densidad relacional constituye una ventaja competitiva que ningún marco regulatorio puede replicar. Los inversionistas institucionales que buscan desplegar capital en infraestructura latinoamericana necesitan contrapartes locales con tres atributos: conocimiento técnico profundo, reputación verificable y capacidad de ejecución transfronteriza. La generación de ejecutivos chilenos que hoy lidera la conexión entre concesiones de transporte y capital institucional ofrece los tres.

El desafío que enfrentan es de escala. América Latina necesita movilizar volúmenes de inversión en infraestructura que superan ampliamente la capacidad de cualquier grupo nacional de ejecutivos. La pregunta central para los próximos años es si esta generación logrará institucionalizar sus redes de manera que trasciendan las relaciones personales y se conviertan en plataformas escalables de intermediación de capital.

GRI Institute seguirá mapeando esta dinámica a través de sus encuentros regionales de infraestructura, donde la interacción entre estructuradores, operadores e inversionistas institucionales genera la inteligencia de mercado que permite anticipar las tendencias del sector. La comunidad de líderes de infraestructura en América Latina tiene, en estos ejecutivos chilenos, un caso de estudio sobre cómo la experiencia acumulada en un mercado puede convertirse en capital intelectual exportable para toda una región.

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