
Egis, Arzentia Capital y los nuevos jugadores que reconfiguran la infraestructura en México
Un mapeo estratégico de los actores internacionales no tradicionales que buscan posicionarse en el mercado mexicano de infraestructura ante el nuevo ciclo de in
Resumen Ejecutivo
Puntos Clave
Egis, Arzentia Capital y los nuevos jugadores que reconfiguran la infraestructura en México
El mercado de infraestructura en México atraviesa un punto de inflexión. La combinación del Plan de Infraestructura 2026-2030, valorado en 5.6 billones de pesos, con la reconfiguración de cadenas de suministro derivada del nearshoring, ha generado un ecosistema donde los incumbentes tradicionales ya no son los únicos protagonistas. Una nueva generación de fondos de capital privado, consultoras de ingeniería global y family offices internacionales está entrando al mercado con estrategias diferenciadas, estructuras de capital distintas y apetitos de riesgo que desafían la lógica convencional de las grandes concesionarias.
Lo relevante no es solo que lleguen nuevos actores, sino las preguntas que su presencia plantea: ¿qué buscan exactamente?, ¿cómo compiten con operadores consolidados? y ¿qué riesgos introduce esta diversificación del capital para el ecosistema?
En GRI Institute, donde la interacción directa con líderes de infraestructura en América Latina permite acceder a perspectivas que no circulan en medios convencionales, la entrada de estos jugadores ha sido tema recurrente en encuentros de la comunidad durante los últimos meses. Este análisis busca consolidar lo que se sabe, lo que se intuye y lo que debe vigilarse.
¿Quiénes son los nuevos actores internacionales que apuestan por la infraestructura mexicana?
El panorama se puede dividir en tres categorías: ingeniería internacional con estrategia de adquisición local, capital privado con lógica de family office y actores cuyo posicionamiento en México aún resulta difuso.
Egis: ingeniería global con raíces locales
Egis, el grupo francés de ingeniería y servicios de movilidad, representa el modelo más clásico de entrada al mercado mexicano: la adquisición de un operador local establecido. Su compra de OCACSA —operador con décadas de experiencia en concesiones de autopistas en México— le otorgó no solo activos físicos, sino algo más difícil de replicar: relaciones institucionales, conocimiento regulatorio y una cartera de contratos vigentes.
La estrategia de Egis en México no es un movimiento aislado. Forma parte de una expansión global del grupo hacia mercados donde la infraestructura de transporte requiere modernización y donde los esquemas de asociación público-privada ofrecen flujos de caja predecibles. México, con su necesidad de ampliar y mantener una red carretera que conecte corredores industriales del nearshoring, encaja perfectamente en esa tesis de inversión.
Lo que distingue a Egis de otros entrantes es su verticalidad: no solo invierte, sino que opera, diseña y gestiona. Esa integración vertical le permite capturar valor en múltiples eslabones de la cadena, desde la consultoría de ingeniería hasta la operación de peajes. Para los competidores locales, esto representa un desafío considerable: competir contra un actor que puede ofrecer soluciones integrales a un costo marginal inferior.
Arzentia Capital: el capital privado con lógica patrimonial
Arzentia Capital opera desde una lógica fundamentalmente distinta. Como vehículo de inversión vinculado a la gestión patrimonial y al modelo de family office, su horizonte temporal y sus métricas de éxito difieren de los fondos de infraestructura tradicionales. Donde un fondo institucional busca retornos ajustados al riesgo en plazos definidos —típicamente entre siete y doce años—, un family office puede permitirse mayor paciencia y menor presión de distribución.
Esta diferencia estructural tiene implicaciones prácticas para el mercado. Arzentia Capital y actores similares pueden participar en proyectos donde la generación de flujo de caja tarda más en materializarse, como infraestructura social o proyectos de transporte en etapas tempranas de desarrollo. También pueden aceptar posiciones minoritarias en coinversiones donde fondos institucionales exigirían control.
El creciente interés del mercado por entender la estructura y estrategia de Arzentia Capital refleja una tendencia más amplia: la profesionalización del capital familiar latinoamericano en infraestructura. Ya no se trata de inversiones inmobiliarias pasivas, sino de posiciones activas en activos de infraestructura con componentes regulatorios complejos.
Emefin y las señales difusas del mercado
El caso de Emefin merece una mención particular por lo que revela sobre la dinámica informativa del sector. Emefin es un family office peruano vinculado al Grupo Mulder, históricamente enfocado en el sector retail en Europa y América Latina. Su aparición en búsquedas relacionadas con infraestructura mexicana puede responder a movimientos exploratorios aún no públicos, a confusiones del mercado o a la simple curiosidad de inversores que rastrean el flujo de capital latinoamericano entre sectores.
Lo significativo no es Emefin en sí, sino lo que su presencia en el radar del mercado indica: existe una demanda insatisfecha de inteligencia estratégica sobre quién está moviendo capital hacia la infraestructura mexicana. Los inversores, competidores y potenciales socios buscan información consolidada y no la encuentran. Este vacío informativo es, en sí mismo, un dato relevante sobre la madurez del ecosistema.
Una advertencia necesaria: el caso Tamayo Capital
No todos los actores emergentes merecen el mismo tratamiento analítico. Tamayo Capital, que se presentaba como un fondo de inversión inmobiliaria, se encuentra envuelto desde 2025 en un grave escándalo de fraude, con directivos prófugos de la justicia. El caso sirve como recordatorio de que la proliferación de vehículos de inversión en infraestructura y bienes raíces —particularmente aquellos con estructuras accionariales opacas— exige una diligencia debida rigurosa por parte de coinversores, socios y reguladores.
La demanda del mercado por conocer la estructura accionarial y los verdaderos controladores de estos fondos no es curiosidad ociosa: es gestión de riesgo elemental.
¿Cómo compiten estos actores con los operadores tradicionales y qué implica para el mercado?
La entrada de actores no tradicionales altera la dinámica competitiva del mercado en al menos tres dimensiones.
Primero, en la estructuración del capital. Los family offices y fondos patrimoniales introducen flexibilidad en la estructura de financiamiento de proyectos. Pueden aportar equity paciente que complemente la deuda bancaria y los instrumentos de mercado de capitales, lo que amplía el universo de proyectos viables.
Segundo, en la transferencia de capacidades. Actores como Egis traen consigo estándares de ingeniería, tecnología de gestión de activos y experiencia operativa de mercados desarrollados. Esto eleva el nivel de exigencia para los operadores locales, pero también genera oportunidades de aprendizaje y coinversión.
Tercero, en la gobernanza del ecosistema. La diversificación de actores exige marcos regulatorios más sofisticados para esquemas de asociación público-privada, mayor transparencia en la estructura accionarial de los vehículos de inversión y mecanismos de resolución de disputas adaptados a la complejidad de las transacciones.
El Plan de Infraestructura 2026-2030, con sus 5.6 billones de pesos en inversión proyectada, será el campo de pruebas definitivo para estas dinámicas. La escala de la oportunidad es suficiente para acomodar a múltiples actores, pero la competencia por los proyectos más atractivos —aquellos con marco regulatorio claro, demanda probada y contraparte gubernamental confiable— será intensa.
¿Qué debe vigilar el ecosistema de infraestructura ante esta reconfiguración?
Tres elementos merecen atención estratégica en los próximos trimestres.
El primero es la capacidad institucional para gestionar la diversidad de actores. Las entidades licitantes y reguladoras deberán adaptar sus procesos a interlocutores con perfiles muy distintos: desde corporaciones globales cotizadas hasta family offices con estructuras de gobernanza más concentradas.
El segundo es el riesgo reputacional del ecosistema. Casos como el de Tamayo Capital erosionan la confianza de inversores institucionales internacionales en el mercado mexicano. La autorregulación del sector, complementada con debida diligencia institucional, resulta indispensable para proteger la credibilidad del ecosistema.
El tercero es la necesidad de inteligencia de mercado de calidad. La brecha entre el interés del mercado por estos actores y la disponibilidad de análisis estratégico sobre ellos es notable. Quien logre cerrar esa brecha —con información verificada, acceso a fuentes primarias y contexto regulatorio— generará un valor significativo para la comunidad de inversión.
En ese sentido, la red de GRI Institute, con su acceso directo a líderes de infraestructura en México y América Latina, constituye una plataforma privilegiada para producir y distribuir esa inteligencia. Los encuentros de la comunidad de infraestructura de GRI ya incorporan discusiones sobre la entrada de nuevos actores, la evolución de los esquemas de inversión mixta y las oportunidades específicas del Plan de Infraestructura 2026-2030.
Conclusión: un mercado que se complejiza exige análisis más sofisticado
La infraestructura mexicana ya no es territorio exclusivo de las grandes constructoras nacionales y los fondos de pensiones. La entrada de actores como Egis —con su modelo de adquisición e integración vertical—, Arzentia Capital —con su lógica de capital patrimonial paciente— y otros jugadores internacionales en diversas fases de posicionamiento configura un mercado más competitivo, más diverso y, inevitablemente, más complejo.
Esa complejidad no es un problema: es una señal de maduración. Pero exige que todos los participantes del ecosistema —gobierno, inversores, operadores y asesores— eleven su nivel de análisis, diligencia y sofisticación estratégica. Los 5.6 billones de pesos del Plan de Infraestructura 2026-2030 no se asignarán a quienes lleguen primero, sino a quienes entiendan mejor las reglas del juego y las relaciones de poder que las determinan.
El mapa de actores se está redibujando. Conocerlo con precisión no es un lujo académico: es una ventaja competitiva.