Eduardo Osuna y el rol de la banca en el nuevo ciclo de infraestructura de México

BBVA México y Banorte se posicionan para financiar el plan de inversión más ambicioso del sexenio, con el sector energético como eje central.

18 de marzo de 2026Infraestructura
Escrito por:GRI Institute

Resumen Ejecutivo

El Plan de Inversión en Infraestructura 2026-2030 del gobierno mexicano contempla recursos equivalentes al 2% del PIB, con el sector energético, trenes y carreteras como ejes prioritarios. BBVA México, dirigido por Eduardo Osuna, y Banorte, liderado por Marcos Ramírez Miguel, han expresado su disposición para financiar proyectos, condicionada a certidumbre regulatoria y viabilidad financiera. Sin embargo, el plan enfrenta tensiones: el presupuesto para APP caerá 89.5% y la inversión pública decrecerá hacia fin de sexenio. La publicación de reglas de operación y marcos jurídicos claros será decisiva para convertir la ambición programática en proyectos ejecutables y bancables.

Puntos Clave

  • El gobierno federal destinará recursos adicionales equivalentes al 2% del PIB a infraestructura en 2026, con el sector energético como principal receptor.
  • BBVA México (Eduardo Osuna) y Banorte (Marcos Ramírez Miguel) se posicionan como pilares del financiamiento bancario para el plan.
  • Los proyectos vía asociaciones público-privadas (APP) sufrirán una caída del 89.5% en presupuesto federal de 2025 a 2026.
  • La certidumbre regulatoria, las reglas de operación y la viabilidad financiera de los proyectos son condiciones previas para la participación bancaria.
  • La inversión pública se reducirá gradualmente hacia el final del sexenio, ampliando la necesidad de capital privado.

El plan de infraestructura de México abre un nuevo frente para la banca comercial

El gobierno federal destinará recursos adicionales a infraestructura equivalentes al 2% del PIB durante 2026, según datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). La cifra forma parte del Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar 2026-2030, el programa más ambicioso del sexenio en materia de obra pública y esquemas de inversión mixta. En ese contexto, los dos mayores bancos con presencia nacional, BBVA México bajo la dirección de Eduardo Osuna Osuna, y Grupo Financiero Banorte bajo el liderazgo de Marcos Ramírez Miguel, han declarado públicamente su disposición para financiar los proyectos derivados de este plan.

Para los líderes del sector reunidos en foros como los del GRI Institute, la pregunta central ya no es si habrá inversión en infraestructura, sino cómo se estructurará el financiamiento privado y bancario en un entorno donde la inversión pública se reducirá gradualmente hacia el final del sexenio, según proyecciones del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP).

¿Quién es Eduardo Osuna Osuna y cuál es su influencia en el financiamiento de infraestructura?

Eduardo Osuna Osuna es el Vicepresidente y Director General de BBVA México, la filial del grupo español que opera la mayor red bancaria del país. Desde esa posición, Osuna se ha convertido en una de las voces más influyentes del sistema financiero mexicano sobre las condiciones que requiere el crédito a largo plazo para proyectos de infraestructura.

La postura de Eduardo Osuna ha sido clara: el crédito en infraestructura dependerá de la viabilidad financiera de los proyectos y de la certidumbre regulatoria que ofrezca el marco institucional. Esta declaración establece los parámetros bajo los cuales la banca privada evaluará su participación en el nuevo ciclo de inversión. La viabilidad técnica y la certidumbre jurídica son condiciones previas al despliegue de capital bancario, un principio que los participantes de la industria reconocen como determinante para la velocidad de ejecución del plan gubernamental.

BBVA México, bajo la conducción de Osuna, mantiene una posición dominante en el mercado de crédito corporativo en el país. Su capacidad de estructuración financiera, combinada con la escala de su balance, lo convierte en un actor indispensable para cualquier programa de infraestructura que aspire a movilizar capital privado a gran escala.

Sectores prioritarios: energía, trenes y carreteras concentran la inversión

De acuerdo con datos de la SHCP difundidos por el despacho Nader, Hayaux & Goebel, el sector energético concentrará la mayor parte de las inversiones contempladas en el Plan de Infraestructura 2026-2030. Le siguen el sector de trenes, con una participación del 15.63%, y carreteras, con el 13.94% del total proyectado.

Esta distribución sectorial ofrece señales concretas para la banca comercial. Los proyectos energéticos, que incluyen generación, transmisión y distribución, demandan estructuras de financiamiento de largo plazo con garantías específicas. Los proyectos ferroviarios y carreteros, por su parte, históricamente se han financiado mediante fideicomisos de infraestructura y esquemas de asociaciones público-privadas (APP).

El plan establece ocho sectores estratégicos y contempla la creación de un Consejo de Planeación Estratégica de la Inversión, un órgano diseñado para coordinar la ejecución de los proyectos. Sin embargo, las reglas de operación específicas y las iniciativas de ley que darán forma legal al programa permanecen pendientes de publicación, según información oficial del gobierno federal.

¿Cómo se posiciona Banorte frente al mismo ciclo de inversión?

Grupo Financiero Banorte, dirigido por Marcos Ramírez Miguel y presidido por Carlos Hank González, representa el otro pilar del financiamiento bancario nacional para infraestructura. La cartera de crédito corporativo de Banorte registró un fuerte crecimiento anual durante el primer trimestre de 2025, según los reportes financieros del propio grupo.

Banorte estima incrementar su presupuesto para crédito a infraestructura en los próximos años, impulsado por la demanda de gobiernos subnacionales y por las oportunidades derivadas del nearshoring, de acuerdo con declaraciones del banco recogidas por Telediario en noviembre de 2024. Esta orientación estratégica posiciona a Banorte como un competidor directo de BBVA México en la disputa por los mandatos de estructuración financiera del plan gubernamental.

La dinámica competitiva entre ambas instituciones define en buena medida la capacidad del sistema bancario mexicano para absorber la demanda de crédito que generará el nuevo ciclo. La profundidad del mercado de financiamiento dependerá de la disposición de ambos bancos, junto con la banca de desarrollo, para asumir riesgos de largo plazo en un entorno fiscal que presenta señales mixtas.

El desafío fiscal: inversión pública decreciente y caída en APP

Uno de los factores que condiciona la estrategia bancaria es la trayectoria fiscal del gobierno federal. Según proyecciones del CIEP, la inversión pública se reducirá gradualmente hacia el final del sexenio. A esta tendencia se suma un dato revelador: los proyectos financiados a través de asociaciones público-privadas sufrirán una caída del 89.5% de 2025 a 2026 en el presupuesto federal.

Esta reducción drástica en el presupuesto destinado a APP plantea una paradoja para el sector. Por un lado, el plan de infraestructura anuncia una inversión histórica en esquemas mixtos. Por otro, el presupuesto federal para APP se contrae de manera pronunciada. La resolución de esta tensión dependerá de los mecanismos específicos que el gobierno diseñe para canalizar inversión privada, ya sea a través de nuevas figuras jurídicas, concesiones renovadas o fideicomisos de infraestructura con participación bancaria.

Para la banca comercial, esta brecha entre ambición programática y restricción presupuestaria representa tanto un riesgo como una oportunidad. El riesgo reside en la incertidumbre regulatoria que rodea la ejecución del plan. La oportunidad, en la necesidad inevitable de capital privado para cerrar la brecha de financiamiento.

Impacto macroeconómico y perspectivas de crecimiento

La SHCP ha señalado que el plan de infraestructura podría impulsar el crecimiento del PIB de México por encima del intervalo original establecido en los Criterios Generales de Política Económica para 2026. Si esta proyección se materializa, el efecto multiplicador de la inversión en infraestructura reforzaría la demanda de crédito bancario en sectores conexos, desde materiales de construcción hasta servicios de ingeniería.

El financiamiento bancario de infraestructura en México se encuentra en un punto de inflexión. La escala del plan gubernamental exige una respuesta coordinada del sistema financiero, donde instituciones como BBVA México y Banorte asumen roles de liderazgo en la estructuración de operaciones complejas.

Perspectiva del mercado: certidumbre regulatoria como variable decisiva

La participación efectiva de la banca comercial en el Plan de Infraestructura 2026-2030 dependerá de tres variables fundamentales: la publicación de las reglas de operación del programa, la claridad jurídica de los esquemas de inversión mixta y la capacidad del Consejo de Planeación Estratégica de la Inversión para coordinar la ejecución de proyectos.

Líderes del sector de infraestructura en América Latina, incluidos los que participan en las discusiones del GRI Institute, coinciden en que la solidez del pipeline mexicano es excepcional en la región, pero su ejecución requerirá un nivel de coordinación institucional que aún está por demostrarse.

Eduardo Osuna, desde BBVA México, y Marcos Ramírez Miguel, desde Banorte, representan las dos caras de una misma apuesta: la banca comercial mexicana está preparada para financiar infraestructura, siempre que las reglas del juego sean claras y los proyectos sean financieramente viables. El mercado observa con atención si el gobierno federal logrará convertir un plan ambicioso en un pipeline ejecutable y bancable.

Debes iniciar sesión para descargar este contenido.