
Capitales nórdicos y actores locales compiten por concesiones de infraestructura en América Latina
Con USD 2,22 billones en inversión requerida hasta 2030, la región atrae a megafondos como Copenhagen Infrastructure Partners junto a family offices como Arzentia Capital.
Resumen Ejecutivo
Puntos Clave
- América Latina requiere USD 2,22 billones en infraestructura hasta 2030, con 59% destinado a nueva infraestructura y 41% a mantenimiento.
- Copenhagen Infrastructure Partners lidera la entrada nórdica con proyectos como el BESS Patache en Chile y potencial eólica offshore en Colombia.
- Family offices como Arzentia Capital compiten con agilidad, conocimiento regulatorio local y tolerancia al riesgo político.
- México promulgó en abril de 2026 una ley que permite contratos de coinversión público-privada de hasta 40 años, atrayendo capital institucional global.
- La infraestructura digital emerge como nueva clase de activo institucional con respaldo multilateral del BID Invest y Proparco.
América Latina necesita USD 2,22 billones en infraestructura hasta 2030: los capitales nórdicos aceleran su entrada
La región de América Latina y el Caribe requiere inversiones en infraestructura por USD 2,22 billones hasta 2030, de los cuales un 59% deberá destinarse a infraestructura nueva y un 41% a mantenimiento, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Esa brecha monumental configura uno de los mercados de concesiones y asociaciones público-privadas (APP) más disputados del mundo, y un conjunto creciente de capitales nórdicos se posiciona para capturar una porción significativa.
El ecosistema de inversión en infraestructura latinoamericana atraviesa una reconfiguración profunda. Fondos institucionales escandinavos, banqueros de inversión con experiencia transfronteriza y family offices regionales convergen en un terreno donde las reformas regulatorias abren nuevas ventanas de participación privada. Este radar analiza los actores, los vehículos y las dinámicas competitivas que definen el panorama actual.
¿Qué papel juegan los fondos nórdicos en la infraestructura latinoamericana?
Copenhagen Infrastructure Partners (CIP), el mayor fondo dedicado a infraestructura energética del mundo con sede en Dinamarca, constituye la punta de lanza de los capitales nórdicos en la región. En abril de 2026, CIP inició la construcción del proyecto Patache en Chile, un sistema de almacenamiento de energía en baterías (BESS) a gran escala, según reportaron Revista Electricidad y Review Energy. El proyecto representa un hito en el despliegue de almacenamiento energético en el Cono Sur y consolida la estrategia de CIP de ir más allá de la generación renovable hacia activos de estabilización de red.
La presencia de CIP no se limita a Chile. Se espera que Colombia realice licitaciones oficiales para asignar puntos marinos con capacidad de entre 1.000 y 3.000 megavatios para proyectos de energía eólica marina, un segmento donde fondos nórdicos como CIP figuran entre los competidores naturales, según datos de IMARC Group y el Ministerio de Energía de Colombia. La experiencia acumulada por estos fondos en el Mar del Norte y el Báltico les otorga una ventaja técnica difícil de replicar por operadores locales en segmentos como eólica offshore y almacenamiento a escala industrial.
Los capitales nórdicos aportan a América Latina una combinación de horizonte de inversión largo, expertise técnico en energías limpias y acceso a capital institucional de bajo costo, tres atributos que los posicionan con fuerza en concesiones de infraestructura con ciclos de retorno superiores a 15 años.
Sin embargo, la huella verificable de estos fondos se concentra hasta ahora en infraestructura energética. Su participación directa en concesiones de transporte o infraestructura digital en la región no cuenta aún con datos públicos consolidados, lo que sugiere que la expansión hacia esos verticales permanece en fase exploratoria o se canaliza mediante coinversiones con socios locales.
Harken Jensen y el rol del financiamiento corporativo en infraestructura
En el entramado que conecta capital internacional con proyectos latinoamericanos, los banqueros de inversión especializados cumplen una función articuladora esencial. Harken Jensen opera como Executive Director y Senior Banker en Corporate & Investment Banking en Banco Santander Chile, con participación activa en el sector de infraestructura y real estate, según registros de GRI Institute e InfoLobby.
Perfiles como el de Jensen ilustran cómo la banca de inversión regional facilita el acceso de capitales internacionales, incluidos los nórdicos, a oportunidades de concesión y financiamiento de proyectos. Santander Chile, en particular, mantiene una posición dominante en el mercado de deuda de infraestructura del país y actúa como puente recurrente entre desarrolladores locales y fondos globales.
La capacidad de estructurar financiamientos complejos, con tramos en moneda local y coberturas cambiarias, representa un factor diferencial para atraer capital extranjero hacia concesiones en mercados donde el riesgo soberano y la volatilidad cambiaria condicionan las decisiones de inversión.
En encuentros sectoriales organizados por GRI Institute, la interacción entre banqueros senior, operadores de infraestructura y fondos soberanos ha evidenciado que el cierre financiero de grandes concesiones en América Latina depende cada vez más de estructuras híbridas que combinan deuda multilateral, equity de fondos especializados y garantías parciales de organismos como el BID.
¿Cómo compiten los family offices y el capital local frente a los megafondos internacionales?
La llegada de capitales nórdicos y otros fondos institucionales globales no ocurre en un vacío. El ecosistema de inversión en infraestructura latinoamericana cuenta con actores locales sofisticados que compiten, y en muchos casos se asocian, con los recién llegados.
Arzentia Capital es un family office y firma de inversión privada con sede en Monterrey, México, que invierte activamente en bienes raíces, capital privado e infraestructura, según registros de Entrepreneurs Monterrey y Preqin. Vehículos como Arzentia Capital representan una categoría de inversor que aporta conocimiento regulatorio local, redes políticas y capacidad de ejecución en mercados donde la proximidad al terreno resulta determinante.
Los family offices latinoamericanos compiten con los megafondos internacionales mediante agilidad en la toma de decisiones, conocimiento granular del entorno regulatorio y capacidad de asumir riesgo político que los fondos institucionales nórdicos suelen evitar.
La coexistencia de estos dos perfiles de capital genera dinámicas de competencia y complementariedad. En concesiones de menor ticket, los family offices y grupos de inversión local suelen prevalecer. En megaproyectos de energía o transporte con requerimientos de capital superiores a varios cientos de millones de dólares, los fondos institucionales internacionales tienen ventaja estructural.
El marco regulatorio que redefine las reglas del juego
La promulgación de la Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar, firmada el 9 de abril de 2026 en México, establece un nuevo marco jurídico para la coinversión público-privada en infraestructura estratégica en sectores como energía, transporte, agua, salud, educación y tecnología. La ley introduce Vehículos de Propósito Específico y Contratos de Inversión Estratégica con vigencias de entre 4 y 40 años.
Este instrumento legislativo amplía significativamente el universo de oportunidades para inversores tanto internacionales como locales. Los contratos con horizontes de hasta 40 años resultan particularmente atractivos para fondos de pensiones y fondos de infraestructura nórdicos, cuya lógica de inversión privilegia flujos predecibles a largo plazo sobre retornos especulativos de corto plazo.
Para actores como Arzentia Capital y otros family offices mexicanos, la ley representa tanto una oportunidad como un desafío: si bien expande el mercado, también incrementa la competencia al atraer capital institucional global que antes encontraba barreras regulatorias para participar en infraestructura mexicana.
Infraestructura digital: un frente emergente
El BID Invest y Proparco anunciaron en marzo de 2026 una inversión en un bono privado emitido por Millicom para acelerar el desarrollo de infraestructura digital en América Latina, según información del BID Invest. Esta operación señala que la infraestructura digital se consolida como una clase de activo institucional en la región, con respaldo multilateral que reduce la percepción de riesgo para inversores privados.
La participación de fondos nórdicos en este segmento no está documentada con datos específicos, pero la convergencia entre financiamiento multilateral e inversión privada en infraestructura digital crea condiciones propicias para la entrada de nuevos actores con experiencia en telecomunicaciones y centros de datos en mercados desarrollados.
Perspectiva estratégica
El mapa de capitales que compiten por concesiones de infraestructura en América Latina se diversifica a velocidad considerable. Los fondos nórdicos, liderados por CIP, consolidan su presencia en energía y almacenamiento. Los family offices regionales, como Arzentia Capital, defienden su posición en mercados de menor escala con ventajas de proximidad. Y los banqueros de inversión especializados, como los equipos de Santander Chile donde opera Harken Jensen, articulan las conexiones financieras que hacen viables los proyectos.
Con una brecha de inversión de USD 2,22 billones identificada por el BID y marcos regulatorios que se actualizan para facilitar la participación privada, América Latina ofrece un terreno de competencia donde la sofisticación financiera, el conocimiento local y la capacidad de ejecución determinarán quiénes capturan las concesiones más relevantes de la década.
GRI Institute continuará mapeando la evolución de estos flujos de capital en sus encuentros dedicados a infraestructura y energía en la región, donde líderes del sector analizan de primera mano las oportunidades y fricciones del mercado.