Arquitectoma, GIA+A y el nuevo mapa de firmas que redefinen la cadena de valor en infraestructura latina

Las firmas de diseño e ingeniería dejan de ser subcontratistas para convertirse en estructuradores de capital y operadores de megaproyectos en la región.

22 de marzo de 2026Infraestructura
Escrito por:GRI Institute

Resumen Ejecutivo

Firmas latinoamericanas de diseño e ingeniería como Arquitectoma, GIA+A y Grupo Ortiz Colombia están transformando su modelo de negocio: de elaborar planos a estructurar financieramente megaproyectos, obtener concesiones APP y operar activos a largo plazo. Esta evolución responde a un entorno de crecimiento moderado (2,1-2,3% según CEPAL y BID) y espacio fiscal restringido que exige mayor participación privada. El pipeline regional, aunque robusto (88.120 M USD en 2025), se concentra en menos transacciones, favoreciendo a actores con integración vertical. Su ventaja competitiva radica en el dominio regulatorio local, la optimización del ciclo de vida desde el diseño y la capacidad de estructurar financiamiento complejo.

Puntos Clave

  • Firmas como Arquitectoma, GIA+A y Grupo Ortiz Colombia dejaron de ser subcontratistas de diseño para estructurar financieramente megaproyectos, gestionar capital y operar concesiones.
  • Arquitectoma creó su propio fondo de inversión y desarrolló Chapultepec Uno (270 M USD), participando en diseño, suelo y estructuración financiera.
  • GIA+A obtuvo concesiones APP en Honduras (refinanciamiento de 184 M USD) y México, asumiendo riesgo de construcción y operación a largo plazo.
  • El pipeline regional se concentra en menos transacciones de mayor envergadura (370 acuerdos por 88.120 M USD en 2025), favoreciendo actores con capacidad integral.
  • El conocimiento regulatorio local y la integración vertical constituyen barreras de entrada frente a competidores internacionales.

De despachos de diseño a estructuradores de megaproyectos: la transformación que reconfigura la infraestructura en América Latina

Durante décadas, las firmas de diseño arquitectónico e ingeniería civil en América Latina ocuparon un eslabón subordinado en la cadena de valor de la infraestructura. Elaboraban planos, entregaban especificaciones técnicas y cedían el protagonismo a constructoras y fondos de inversión que capturaban la mayor parte del valor económico de cada proyecto. Esa lógica está cambiando con velocidad estructural. Firmas como Arquitectoma en México, GIA+A (Grupo GIA) en la región centroamericana y mexicana, y Grupo Ortiz Colombia en el mercado andino están asumiendo funciones que van mucho más allá del trazo: estructuran financieramente los proyectos, gestionan capital privado, obtienen concesiones y operan activos durante décadas.

Esta transformación no ocurre en el vacío. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el PIB de la región se expandirá un 2,2% en 2025 y un 2,3% en 2026, cifras que limitan severamente la capacidad de los gobiernos para financiar infraestructura con gasto público tradicional. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) proyecta un crecimiento promedio del 2,1% para las economías de América Latina y el Caribe en 2026, en un entorno de espacio fiscal restringido que presiona la necesidad de inversión privada. En este contexto, las firmas que pueden ofrecer soluciones integradas de diseño, construcción, financiamiento y operación poseen una ventaja competitiva decisiva frente a los actores que solo dominan una fase del ciclo.

Los datos del sector confirman que el pipeline, aunque robusto, se contrae en volumen de transacciones. Según Infralogic / ION Analytics, en 2025 el sector de infraestructura privada en América Latina y el Caribe registró 370 acuerdos con cierre financiero por un total de 88.120 millones de dólares, una disminución frente a las 414 transacciones de 2024. Menos operaciones con montos significativos implican que cada proyecto concentra más capital y exige actores con mayor capacidad de estructuración integral.

¿Cómo pasaron Arquitectoma y GIA+A de firmas de diseño a competidores directos por concesiones y APPs?

El caso de Arquitectoma ilustra con claridad la mutación del modelo de negocio. La firma mexicana, originalmente un despacho de arquitectura, evolucionó hasta crear su propio fondo de inversión de capital privado para autogestionar la adquisición de tierras y el desarrollo de megaproyectos. En consorcio bajo el nombre T69, Arquitectoma desarrolló Chapultepec Uno, un rascacielos de usos mixtos de 241 metros de altura en la Ciudad de México, con una inversión de 270 millones de dólares, según Revista Construye. Este proyecto no fue un encargo convencional de diseño: la firma participó en la estructuración financiera, la gestión del suelo y el desarrollo integral del activo. Cuando una firma de diseño crea su propio vehículo de inversión, deja de competir por honorarios profesionales y empieza a competir por retornos de capital.

GIA+A recorre una trayectoria complementaria pero con énfasis en infraestructura pública. El grupo ha consolidado divisiones de construcción pesada, energía y operación de concesiones que le permiten disputar contratos de asociación público-privada en México, Honduras y Chile. Un hito relevante fue la obtención de la concesión bajo el esquema APP para el Centro Cívico Gubernamental en Honduras, que incluyó un refinanciamiento sindicado por 184 millones de dólares, según Latin Counsel. Anteriormente, GIA+A había ganado el primer contrato bajo el esquema de propuesta no solicitada para construir y operar una clínica-hospital del ISSSTE en Mérida, Yucatán, con un pago anual por servicios de 175,3 millones de pesos por 25 años, de acuerdo con Real Estate Market. Ambos casos revelan una capacidad que trasciende el diseño: la firma estructura la propuesta financiera, asume riesgo de construcción y se compromete con la operación del activo durante un horizonte de largo plazo.

En Colombia, Grupo Ortiz opera bajo una lógica similar adaptada al marco regulatorio local. La firma participa activamente en el mercado de concesiones e infraestructura del país, con proyectos clave como la Transversal del Sisga y la construcción del hospital de Bosa en Bogotá bajo esquemas APP, según El Espectador. Colombia cuenta con la Ley 1508 de 2012, que establece el régimen jurídico de las Asociaciones Público Privadas, permitiendo a inversionistas privados estructurar, diseñar, construir, operar y mantener infraestructura pública, y habilitando además las propuestas no solicitadas o iniciativas privadas. Este marco normativo, vigente con modificaciones posteriores como la Ley 1882 de 2018, genera un terreno fértil para que firmas con capacidades integradas capturen contratos que antes se fragmentaban entre múltiples actores.

¿Qué ventaja competitiva tienen estas firmas frente a los incumbentes internacionales en el pipeline 2025-2027?

La competencia por megaproyectos de infraestructura en América Latina enfrenta a estas firmas regionales con incumbentes internacionales, particularmente grupos europeos con décadas de experiencia en concesiones globales. Sin embargo, las firmas latinoamericanas que han integrado verticalmente sus operaciones presentan ventajas específicas que los análisis convencionales suelen subestimar.

Primero, el conocimiento regulatorio local. Los marcos de APP en México, Colombia, Perú y Chile poseen particularidades técnicas, procedimentales y políticas que exigen una curva de aprendizaje prolongada. Firmas como GIA+A, que operaron la primera propuesta no solicitada para el ISSSTE, acumulan un capital institucional difícil de replicar por un entrante extranjero. El dominio del entorno regulatorio no es solo una ventaja operativa; es una barrera de entrada que protege márgenes y asegura flujo de proyectos.

Segundo, la capacidad de estructurar proyectos desde la fase de diseño conceptual. Cuando una firma controla simultáneamente el diseño, la ingeniería de valor y la propuesta financiera, puede optimizar costos de ciclo de vida del activo de maneras que un consorcio fragmentado no logra. El modelo de diseño-construcción-operación (Design-Build-Operate) favorece precisamente a los actores que eliminan las interfaces entre fases.

Tercero, la flexibilidad ante restricciones fiscales. Con gobiernos que enfrentan espacio fiscal limitado, según el BID, los proyectos que avanzan son aquellos donde el sector privado asume una proporción mayor de riesgo. Las firmas que pueden estructurar financiamiento, como el refinanciamiento sindicado de 184 millones de dólares logrado por GIA+A en Honduras, demuestran a las autoridades concedentes una solvencia que trasciende la capacidad técnica.

¿Hacia dónde se dirige la competencia por megaproyectos de infraestructura en la región?

La concentración del pipeline en menos transacciones de mayor envergadura, evidenciada por la reducción de 414 a 370 acuerdos entre 2024 y 2025 según Infralogic, sugiere que el mercado seleccionará con mayor rigor a los actores capaces de asumir proyectos complejos de principio a fin. Los segmentos de transporte, energía y ciudades inteligentes demandan soluciones integradas donde el diseño no es un insumo inicial que se entrega y se olvida, sino un componente estratégico que determina la viabilidad financiera y operativa del proyecto durante toda su vida útil.

Para las firmas de diseño e ingeniería que han completado esta transición, el desafío siguiente es escalar. Arquitectoma demuestra que un fondo de inversión propio permite controlar el flujo de proyectos en el segmento inmobiliario de alta gama. GIA+A prueba que el modelo funciona en infraestructura social y gubernamental bajo esquemas de concesión. Grupo Ortiz Colombia confirma que el marco de APP andino ofrece oportunidades equivalentes. La pregunta estratégica para el periodo 2025-2027 es si estas firmas lograrán consolidar portafolios regionales o si permanecerán ancladas a mercados nacionales.

GRI Institute ha identificado esta transformación como uno de los ejes de análisis prioritarios en sus encuentros dedicados a infraestructura latinoamericana. La comunidad de líderes del sector que participa en los clubes de GRI observa con atención cómo se reconfiguran las alianzas entre diseñadores, constructores y fondos de capital. En las discusiones reservadas entre miembros del instituto, la convergencia entre diseño y estructuración financiera emerge como un factor diferenciador que definirá qué firmas capturan el pipeline de mayor valor en la próxima década.

El mapa competitivo de la infraestructura latinoamericana se redibuja. Las firmas que entiendan que el diseño es el punto de entrada para controlar toda la cadena de valor serán las que definan los términos de la competencia.

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