El cierre financiero de los grandes proyectos de infraestructura en América Latina depende de ejecutivos que articulan capital público y privado en estructuras de financiamiento mixto.
Desde la expansión del gas natural hasta la planificación territorial, una nueva capa de liderazgo femenino transforma la toma de decisiones en infraestructura peruana.
La caída de la inversión pública abre paso a una nueva arquitectura de capital familiar en la infraestructura mexicana, donde actores como Artha Capital y fondos transfronterizos compiten por el pipeline de concesiones.
Con más de 5,000 millones de dólares comprometidos en capital privado y un mercado de family offices en expansión, un segmento aún no mapeado gana relevancia estratégica.
Perfiles como Paola Lazarte redefinen la estructuración de infraestructura y real estate en los Andes, mientras la macro obliga a reconfigurar estrategias de inversión.
Family offices y fondos regionales como Ikalon, Artha Capital, Arzentia Capital y Emefin ganan terreno en una región que necesita invertir USD 2.2 billones hasta 2030.
El vehículo de la familia Mulder integra un corredor transfronterizo de inversión inmobiliaria con activos combinados superiores a los 4.600 millones de dólares.
Firmas como Inversiones Marchigue diversifican hacia regiones chilenas, Perú y Uruguay, en una tendencia estructural que anticipa un nuevo mapa del capital inmobiliario latinoamericano para 2026.
Family offices sudamericanos y mexicanos articulan un corredor de inversión cross-border con activos combinados superiores a los 4.600 millones de dólares.