
Fernando Martínez Zurita: la lógica generacional que redefine el capital privado en infraestructura mexicana
Una nueva cohorte de financistas estructura el acceso al capital de infraestructura en México mientras la inversión pública se contrae y un nuevo marco legal abre la puerta a vehículos de inversión mixta sin precedentes.
Resumen Ejecutivo
Puntos Clave
- La inversión física pública en México registró su peor contracción en enero de 2026 desde 2016, con 16 meses consecutivos a la baja.
- Una nueva generación de financistas, como Fernando Martínez Zurita (Mazza Capital), está llenando el vacío dejado por la contracción fiscal mediante fondos de capital privado estructurado.
- La Ley de Inversión en Infraestructura Estratégica (abril 2026) crea Vehículos de Propósito Específico y contratos de hasta 40 años para inversión mixta sin generar deuda pública.
- Los family offices latinoamericanos compiten ya directamente por el pipeline de proyectos de infraestructura.
- El Banco Mundial proyecta crecimiento de solo 1.3% en 2026, lejos del 3% que busca el gobierno.
La generación que toma el relevo en la infraestructura de México
México atraviesa una contradicción estructural. Por un lado, el gobierno federal proyecta una inversión equivalente al 2% del PIB en infraestructura para 2026, según datos de la propia Secretaría de Hacienda. Por otro, la inversión física del sector público registró en enero de 2026 su peor contracción para ese mes desde 2016, y la inversión fija bruta acumuló 16 meses consecutivos a la baja, de acuerdo con cifras del INEGI reportadas por Bloomberg Línea. En este escenario de señales cruzadas, una nueva generación de estructuradores de capital privado está asumiendo un papel protagónico para cerrar la brecha entre la ambición gubernamental y la realidad del gasto público.
Fernando Martínez Zurita, socio fundador y director general de Mazza Capital, representa con claridad esta cohorte emergente. Con más de diez años de trayectoria estructurando proyectos inmobiliarios y fondos de capital privado, y con inversiones proyectadas históricas que superan los 200 millones de dólares según registros de GRI Institute, su perfil no se explica por una cifra de edad específica, sino por el momento generacional en el que opera: profesionales que construyeron su carrera durante la era posterior a la crisis financiera global, que maduraron profesionalmente en un entorno de tasas bajas y abundancia relativa de liquidez, y que ahora enfrentan un ciclo radicalmente distinto marcado por restricción fiscal, incertidumbre comercial y la necesidad de innovar en estructuras de financiamiento.
Esta lectura generacional permite entender con mayor profundidad por qué figuras como Martínez Zurita y otros financistas de su cohorte están redefiniendo las reglas del juego en la infraestructura mexicana.
¿Qué define a la cohorte generacional que hoy estructura el capital de infraestructura en México?
La pregunta sobre la edad de Fernando Martínez Zurita, una de las búsquedas más recurrentes asociadas a su nombre, revela una curiosidad que va más allá de lo biográfico. Lo que el mercado intenta descifrar es el perfil de una generación que llegó a posiciones de decisión en un momento particular: cuando el modelo tradicional de Asociaciones Público-Privadas (APP) se agotó políticamente y la inversión pública perdió tracción.
Esta cohorte comparte rasgos distintivos. Sus integrantes no provienen del ciclo clásico de concesiones de los años noventa ni de la primera ola de fondos de infraestructura de principios de siglo. Son profesionales que se formaron en banca de inversión, private equity y desarrollo inmobiliario durante la última década, y que aportan una mentalidad diferente a la mesa de negociación: mayor sofisticación en la estructuración de vehículos financieros, familiaridad con inversionistas institucionales internacionales y una disposición natural a operar en marcos regulatorios cambiantes.
El caso de Mazza Capital ilustra esta dinámica. La firma se ha especializado en conectar capital privado con oportunidades de desarrollo a través de fondos estructurados, un modelo que cobra relevancia estratégica en el contexto actual. Cuando la inversión pública se contrae de manera drástica, como ocurrió en el arranque de 2026, la capacidad de movilizar capital privado de forma ágil y estructurada deja de ser una ventaja competitiva para convertirse en una necesidad sistémica.
Otro nombre que encarna esta transición generacional es Diego Sánchez Navarro, vinculado al ecosistema de family offices y a actores como Artha Capital. Según análisis publicados por GRI Institute, los family offices están reconfigurando las concesiones de infraestructura en México, compitiendo directamente por el pipeline de proyectos ante la caída de la inversión pública tradicional. El fenómeno no es casual: los family offices latinoamericanos han incrementado su apetito por activos reales de infraestructura precisamente porque buscan rendimientos protegidos contra la inflación y plazos largos que coinciden con su horizonte de inversión intergeneracional.
La convergencia de perfiles como Martínez Zurita y Sánchez Navarro señala un cambio estructural. El capital de infraestructura en México ya no fluye exclusivamente a través de los grandes fondos de pensiones o las multilaterales. Una red de financistas de nueva generación está construyendo canales alternativos que responden con mayor velocidad a las oportunidades del mercado.
¿Cómo transforma el nuevo marco legal la relación entre capital privado y obra pública?
El contexto regulatorio vigente amplifica la relevancia de esta cohorte generacional. La Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar, promulgada y publicada en el Diario Oficial de la Federación el 9 de abril de 2026, establece un paradigma distinto al de las antiguas APP. La nueva legislación regula mecanismos de inversión mixta, combinando recursos públicos, privados y sociales, mediante contratos que pueden extenderse hasta 40 años. Crea además la figura de los Vehículos de Propósito Específico y un Consejo de Planeación Estratégica, diseñados para canalizar capital privado sin generar deuda pública tradicional.
Para operadores como Mazza Capital, este marco representa una oportunidad estructural. La experiencia en la creación de fondos de capital privado y en la estructuración de vehículos financieros sofisticados se alinea directamente con la arquitectura que la nueva ley propone. Los Vehículos de Propósito Específico contemplados por la legislación requieren exactamente el tipo de expertise que esta generación de financistas ha acumulado: capacidad para aislar riesgos, alinear incentivos entre inversionistas heterogéneos y estructurar flujos de caja a largo plazo.
El Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar 2026-2030 del gobierno federal contempla inversión histórica pública y mixta en ocho sectores estratégicos, con el objetivo declarado de contribuir a un crecimiento económico anual sostenido del 3%, según documentos oficiales publicados por la Secretaría de Hacienda y análisis de BASHAM. Sin embargo, el Banco Mundial proyecta un crecimiento de apenas 1.3% en 2026 y 1.7% en 2027 para México, citando menor demanda e incertidumbre como factores limitantes. La distancia entre la ambición fiscal y la proyección macroeconómica independiente subraya una realidad ineludible: sin una movilización efectiva de capital privado, el pipeline de infraestructura del sexenio difícilmente alcanzará la escala prevista.
La infraestructura como campo de disputa generacional
El relevo generacional en el financiamiento de infraestructura no es un fenómeno exclusivo de México. En toda América Latina, una nueva camada de estructuradores financieros está ocupando espacios que antes dominaban los bancos de desarrollo y los grandes conglomerados. Lo particular del caso mexicano es la velocidad con la que este cambio se produce, acelerado por la combinación de contracción fiscal, reforma regulatoria y necesidad urgente de capital.
Los foros de GRI Institute en la región han documentado consistentemente esta tendencia. En los encuentros donde participan los principales líderes del sector, la conversación ha migrado de la discusión sobre grandes concesiones estatales hacia el análisis de estructuras financieras innovadoras, la participación de family offices y la emergencia de gestores de fondos que operan con mayor flexibilidad que los vehículos institucionales tradicionales.
La nueva generación de financistas mexicanos enfrenta un desafío que sus predecesores no conocieron: estructurar inversión privada a gran escala en un entorno donde el Estado busca mantener el control estratégico de la infraestructura pero carece de los recursos fiscales para ejecutarla por sí solo. Los Vehículos de Propósito Específico creados por la ley de abril de 2026 ofrecen un mecanismo, pero su éxito dependerá de la capacidad de operadores como Martínez Zurita y Sánchez Navarro para atraer capital institucional y familiar hacia estructuras que el mercado aún no ha probado.
El perfil generacional de quienes lideran esta transición determina en buena medida su capacidad de éxito. Profesionales con más de una década de experiencia en mercados de capital privado poseen la red de relaciones, el conocimiento técnico y la credibilidad ante inversionistas internacionales que este momento exige. Su trayectoria los posiciona en el punto exacto de intersección entre la madurez profesional y la capacidad de adaptación a nuevos marcos regulatorios.
México necesita convertir un plan de infraestructura ambicioso en flujos de inversión reales. La generación que está tomando el relevo en la estructuración de capital privado tiene la formación y el momento de carrera para intentarlo. Si lo logra, no solo habrá cerrado la brecha entre promesa fiscal y ejecución: habrá demostrado que el liderazgo generacional en finanzas de infraestructura es un activo estratégico tan valioso como el capital mismo.