
Capital chileno fuera de Santiago: la tesis de mercados secundarios que redefine la inversión inmobiliaria en el Cono Sur
Firmas como Inversiones Marchigue diversifican hacia regiones chilenas, Perú y Uruguay, en una tendencia estructural que anticipa un nuevo mapa del capital inmobiliario latinoamericano para 2026.
Resumen Ejecutivo
Puntos Clave
- El capital inmobiliario chileno migra de Santiago hacia ciudades intermedias y mercados regionales por saturación de suelo y compresión de rentabilidades.
- Mercados secundarios como Lago Ranco o Pucón ofrecen rentabilidades brutas de 7%-9%, superiores a las de Santiago.
- Inmobiliarias chilenas proyectan invertir más de US$200 millones en Perú, expandiéndose a ciudades como Arequipa y Trujillo.
- La baja de tasas hipotecarias hacia 4,0%-4,5% dinamiza especialmente los mercados de precios más accesibles.
- La diversificación geográfica se consolida como nueva ortodoxia del capital inmobiliario del Cono Sur.
La descentralización del capital inmobiliario chileno es una tendencia estructural, no una moda coyuntural
Durante la última década, Santiago concentró la mayor parte de la actividad inmobiliaria de Chile. Hoy, ese modelo muestra señales claras de agotamiento. La saturación de suelo urbano, la complejidad regulatoria en permisos de edificación y la compresión de rentabilidades en la capital han empujado al capital chileno hacia una reconfiguración geográfica que trasciende fronteras. Firmas como Inversiones Marchigue, que participa en 20 fondos inmobiliarios y feeders de administradoras locales e internacionales según el Anuario ACAFI 2025, representan un arquetipo de esta transformación: inversores sofisticados que construyen portafolios diversificados, con exposición creciente a mercados secundarios tanto dentro de Chile como en el corredor andino.
Esta tendencia no responde a un impulso especulativo. Responde a una lógica financiera precisa: la búsqueda de diferenciales de rentabilidad en mercados con menor competencia institucional, mayor potencial de apreciación y perfiles de riesgo que, gestionados con rigor, ofrecen retornos superiores a los de los mercados primarios saturados.
Según datos de Mercado Libre Chile, la rentabilidad bruta promedio estimada para 2026 en propiedades de veraneo en mercados secundarios chilenos como Lago Ranco o Pucón alcanza entre 7% y 9%. Estas cifras contrastan con las rentabilidades comprimidas de los segmentos más disputados de Santiago, donde la presión sobre los cap rates ha erosionado márgenes durante los últimos ciclos.
La Cámara Chilena de la Construcción (CChC) proyecta que las ventas de viviendas a nivel nacional crecerán un 20% en 2026, superando las 60.000 unidades. Este crecimiento no se concentrará exclusivamente en la Región Metropolitana. Las ciudades intermedias y los destinos de segunda residencia están capturando una proporción creciente de la demanda, alimentada por nuevos patrones de trabajo remoto, migración interna y una oferta de infraestructura que mejora gradualmente.
¿Por qué el capital chileno está pivotando hacia mercados secundarios y cross-border?
La respuesta combina factores estructurales y coyunturales. En el plano doméstico, la Ley Nº 21.450 sobre Integración Social en la Planificación Urbana, Gestión de Suelo y Plan de Emergencia Habitacional ha redefinido las reglas de juego para el desarrollo de suelo en Chile. Esta legislación, que regula la gestión de suelo para proyectos habitacionales y subsidios, introduce condiciones que favorecen la planificación en ciudades intermedias donde la disponibilidad de terrenos es mayor y los procesos de permisos resultan menos complejos que en Santiago.
En el plano internacional, las inmobiliarias chilenas proyectan invertir más de US$ 200 millones en el mercado peruano, según reportes de BioBioChile y Gestión, buscando diversificar ante las restricciones del mercado local. Perú ofrece un mercado de vivienda con déficit habitacional significativo, una clase media en expansión y, en sus ciudades intermedias, precios de entrada sustancialmente inferiores a los de Lima metropolitana.
El corredor Chile-Perú se ha consolidado como una de las rutas de capital más activas en el real estate latinoamericano. Los operadores chilenos llevan más de una década presentes en Lima, pero la novedad radica en el interés creciente por ciudades como Arequipa, Trujillo y Piura, donde los fundamentales de demanda son sólidos y la competencia institucional es menor.
Este movimiento se replica en el eje atlántico del Cono Sur. El proyecto SLS Punta del Este Hotel & Residences, liderado por el desarrollador argentino Alejandro Ginevra a través de GNV Group, representa una inversión de US$ 120 millones en el mercado secundario uruguayo, según FM Gente. Punta del Este, históricamente un destino de alta gama, se está transformando en un polo de inversión inmobiliaria con atractivo para capitales chilenos, argentinos y brasileños que buscan diversificación jurisdiccional.
La convergencia de capital chileno y argentino en mercados como Uruguay y el sur de Perú configura un patrón regional. Los inversores del Cono Sur están construyendo portafolios geográficamente distribuidos, aplicando principios de diversificación que hasta hace poco se reservaban para activos financieros líquidos.
¿Qué papel juegan las tasas de interés y la reforma previsional en esta reconfiguración?
La política monetaria ha sido un catalizador decisivo. Las proyecciones de Todo Propiedades Chile indican que las ventas de propiedades en Chile podrían crecer entre un 8% y un 14% en 2026, impulsadas por una baja gradual de tasas hipotecarias hacia el rango de 4,0% a 4,5%. Un entorno de tasas decrecientes reduce el costo de financiamiento para desarrolladores y compradores finales, lo que dinamiza especialmente los mercados donde los precios absolutos son más accesibles, es decir, las ciudades secundarias.
El debate sobre la reforma de pensiones en Chile añade otra capa de complejidad. Una eventual modificación del sistema previsional podría alterar los flujos de capital institucional hacia vehículos inmobiliarios, dado que las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) han sido históricamente uno de los principales inversores en fondos de real estate en el país. La incertidumbre regulatoria en torno a este proceso ha incentivado a los gestores de activos a buscar vehículos de inversión con mayor autonomía respecto al ciclo regulatorio doméstico, lo que refuerza la tesis de diversificación geográfica.
Inversiones Marchigue, con su presencia en 20 fondos inmobiliarios, ilustra el modelo del family office o inversionista sofisticado que distribuye capital a través de múltiples vehículos y geografías. Este enfoque de portafolio, más que la apuesta concentrada en un solo mercado, define la nueva ortodoxia del capital inmobiliario chileno.
¿Cómo se inserta esta tendencia en el panorama de inversión inmobiliaria latinoamericana?
La descentralización del capital chileno no ocurre en el vacío. Según CBRE Research y CILA, la inversión inmobiliaria en América Latina mantendrá estabilidad en 2026, con más del 30% de los inversionistas planeando aumentar sus asignaciones, liderados por el sector industrial y logístico. Este dato revela un mercado regional en fase de maduración, donde los flujos de capital buscan activos con fundamentales sólidos más allá de las capitales tradicionales.
La intersección entre infraestructura pública y desarrollo inmobiliario resulta determinante para el éxito de esta tesis. Paola Lazarte, exministra de Perú y voz recurrente en foros de infraestructura regional, ha señalado la falta de planificación en infraestructura pública como uno de los principales cuellos de botella para el desarrollo de mercados secundarios en la región andina. Sin conectividad vial, servicios básicos de calidad y marcos regulatorios predecibles, los mercados secundarios no pueden absorber flujos institucionales de capital de manera sostenible.
En los foros y encuentros del ecosistema de GRI Institute, donde convergen líderes del real estate latinoamericano, esta discusión ha ganado centralidad. La comunidad de GRI Institute ha observado cómo los inversores del Cono Sur están redefiniendo sus tesis de inversión, privilegiando la resiliencia geográfica sobre la concentración en mercados primarios. El diálogo entre desarrolladores, gestores de fondos y autoridades regulatorias resulta fundamental para construir las condiciones que permitan escalar esta tendencia.
Ronald Tenorio Franco, figura del ecosistema de GRI Real Estate en Colombia y candidato al Senado en 2026, encarna la creciente intersección entre el sector inmobiliario y la esfera pública en la región. Esta convergencia sugiere que las decisiones de política pública en infraestructura, regulación de suelo y atracción de inversión extranjera serán cada vez más influenciadas por actores con experiencia directa en el mercado de real estate.
El mapa del capital se redibuja
La tesis de mercados secundarios que firmas como Inversiones Marchigue representan no es una anomalía. Es la manifestación de un cambio estructural en la forma en que el capital inmobiliario chileno, y por extensión el del Cono Sur, asigna recursos. La combinación de rentabilidades superiores en ciudades intermedias, un entorno de tasas descendentes, la necesidad de diversificación jurisdiccional y la maduración de los marcos regulatorios en mercados receptores configura un escenario donde los mercados secundarios dejan de ser periféricos para convertirse en destinos estratégicos de inversión.
Los inversores que comprendan esta reconfiguración antes que el consenso del mercado la internalice por completo tendrán una ventaja competitiva significativa. El capital inmobiliario latinoamericano se está redistribuyendo, y quienes lideren esta transición definirán el próximo ciclo de crecimiento del sector en la región.